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Una de las partes más icónicas, si no la más, de «Cast Away» es la relación de Chuck con Wilson, la pelota de voleibol que lleva el nombre de Wilson Sporting Goods, la compañía de la que se origina la pelota. Wilson, que está manchado con la huella de la mano ensangrentada de Chuck y tiene una cara sonriente, le brinda a Chuck su única fuente de compañía durante su estadía en la isla.
La relación de Chuck con la pelota se convierte en estallidos completos de ida y vuelta emocional con el objeto inanimado. Suena tonto en concepto (especialmente si todo lo que has visto son parodias de la película), pero gracias a la actuación dedicada de Tom Hanks, estamos en una montaña rusa emocional como él.
Esto es más evidente en cómo concluye su relación. Chuck se las arregla para construir una balsa duradera, utilizando el plástico de un inodoro portátil que llega a la isla como una vela. Escapa con éxito y sale al mar abierto, pero después de una fuerte tormenta, Wilson se cae del bote y se aleja flotando, dejando a Chuck destrozado emocionalmente.
El viaje de Chuck lo ve comenzar como un adicto al trabajo obsesivo demasiado preocupado por el tiempo y convertirse en un individuo humilde, despojado del sentimiento de control que tenía sobre su vida. Con esto en mente, Wilson puede verse como la última pizca de la arrogancia de Chuck, una entidad de su propia creación con una parte literal de él pegada, flotando. Su desesperación por aferrarse a Wilson no es solo por amistad, sino también por estabilidad y una pizca de lo que él considera normal. La pérdida de Wilson es, por lo tanto, un componente necesario para que Chuck complete su metamorfosis.
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