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Como cualquier buena comedia de amigos, «Aviones, trenes y automóviles» trata de unir a dos personajes totalmente opuestos. Pero hay otros pares de opuestos más sutiles que pueden afectar inconscientemente su respuesta a la película, incluso si se necesitan un par de visionados para reconocerlos conscientemente.
Por ejemplo, el desastroso viaje por carretera de Neal y Del está respaldado por dos estadías en un motel: primero, cuando Del compra una habitación para un Neal que no está dispuesto, y segundo, cuando Neal invita voluntariamente a Del a pasar el frío. Este gesto de bondad muestra cuán lejos ha llegado su relación, y el director John Hughes solidifica esa impresión con una escena contagiosamente alegre de la pareja bromeando, riendo y bebiendo juntos. Su animado diálogo es paralelo al monólogo anterior de Neal sobre todas las razones por las que odia a Del. En su primera noche juntos, Del se compra una cerveza y la derrama sobre la cama, dejando al pobre Neal pasando la noche en un charco de alcohol. En su última noche juntos, comparten bebidas del minibar, el símbolo de amistad más antiguo que puedas imaginar.
La última pieza de paralelismo es pura narración visual, dejando que el escenario influya en nuestra respuesta a la acción. La primera habitación del motel es sucia y estrecha, con una combinación de colores fríos que refleja la actitud fría de Neal. La última habitación del motel está decorada como una acogedora cabaña de troncos, con los cálidos marrones de las paredes de madera y los muebles que dicen tanto como cualquiera de los diálogos.
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