[ad_1]

En los viejos tiempos, ningún supervillano que se precie sería atrapado trabajando fuera de su dormitorio o en alguna oficina. En cambio, a los supervillanos les encantaba poseer guaridas secretas gigantes y distantes, que realmente no deberían poder mantenerse en secreto, considerando cuán elaboradamente modeladas están las guaridas para reflejar el narcisismo de su dueño.
En el caso de las películas de «Austin Powers», cada película nos muestra varias estructuras enormes donde el Dr. Evil se esconde con su tripulación y lleva a cabo sus planes cobardes. La primera película tenía la sede de Virtucon, un negocio legítimo y muy lucrativo que el Dr. Evil insistió en usar para construir una ojiva nuclear secreta con la que mantener al mundo como rehén. En la segunda película, el Dr. Evil se actualizó a una guarida volcánica secreta. Desde allí solo había un salto, un salto y un salto a una base lunar secreta, que el Dr. Evil había desarrollado para albergar su láser gigante. Finalmente, en la tercera película, el Dr. Evil se instala en una nueva guarida secreta en Tokio antes de trasladarse a un submarino submarino gigante construido a su imagen.
El talento del Dr. Evil para lo dramático cuando se trata de elegir su base de operaciones es otra área en la que las películas de «Austin Powers» tienen el ritmo de la franquicia de «James Bond».
[ad_2]

Deja una respuesta