Etiqueta: clave

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    Cómo saber si alguien accedió a su cuenta de Google

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    A menos que haya renunciado definitivamente a Google, es probable que al menos una parte de su vida digital esté relacionada con la empresa. Tal vez solo tenga una cuenta de Gmail, o tal vez confíe en Google para todo, desde el almacenamiento de fotos personales hasta el uso compartido de archivos en el trabajo. Es muy probable que tengas alguno datos importantes relacionados con…

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    Los dispositivos Android están repletos de funciones que facilitan la navegación por su vida digital, y una de las más útiles es el administrador de contraseñas.

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  • Ver Bono del Banco vía BCP: dónde consulto y cuándo puedo cobrar el subsidio Yo Me Sumo | Bono Banco de Crédito | Inscripción Bono Solidario | Plataforma BCP | Vía BCP | Banca Móvil por celular | App BCP | Crear clave en BCP, en línea | Obtenga tu Token Digital Off Side | TECNOTVHN

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    A los Bonos 380 Independiente Rural y Familiar Universal se le ha sumado uno más en el territorio nacional. Se trata del Bono Yo Me Sumo de 760 soles el cual se encuentra siendo entregado por el Banco de Crédito del Perú (BCP), en coordinación con el MIDIS [19659003]a las familias que se encuentran en situación de pobreza y pobreza extrema. Mira si eres uno de los beneficiarios, cuándo y cómo cobrar este nuevo subsidio para la población peruana que viene siendo abatida por la crisis que ha generado el coronavirus (COVID-19). Te presentamos la información. Esperemos aclarar todas las dudas que tengan con respecto a este subsidio.

    A quiénes se entregarán los fondos de la campaña Yo me Sumo

    Los fondos serán entregados a más de 160 mil familias que están en situación de pobreza y pobreza extrema y que en el contexto actual de la crisis sanitaria como producto de la cuarentena no pueden salir a generar los ingresos que necesitan para subsistir. Éstas familias van a recibir un único bono por 760 soles . Este subsidio puede recogerse en las distintas agencias a nivel nacional.

    MÁS: Bono Familiar Universal de 760 soles: Plataforma oficial de Reniec para registro saldrá en las próximas horas

    Cómo se identifica a las familias que recibirán el Bono Yo me Sumo

    Estas familias fueron identificadas gracias al Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (MIDIS). Lo que busca el BCP con esta campaña es apoyar al Estado, que es el que lidera todas estas acciones para poder ayudar a las distintas personas. Es por ello que se le solicitó al MIDIS que como autoridad competente nos digan quiénes son las personas que deben recibir este El El Midis entregó al BCP una lista de 163 mil personas que ellos mismos elaboraron. Estas personas forman parte del Padrón General de Hogares del MIDIS . Los que recibieron el Bono Yo me Sumo están en una lista diferente a quienes han recibido el bono del Midis por 380 soles . Con esta coordinación, los que recibieron el Bono del BCP no recibirán el bono 380 soles.

    Cómo sé si soy beneficiario del Bono Yo Me Sumo

    Para saber si eres beneficiario del bono Yo Me Sumo solo deberás ingresar a la plataforma del Estado la cual es la siguiente: bono.yomequedoencasa.pe . Cabe resaltar que esta es la misma plataforma que ha llegado utilizando el Estado para entregar el bono del MIDIS . Con esto la entrega del subsidio será más fácil para todos los peruanos. En dicha páginas web, deberás registrarte con tu DNI.

    Si eres uno de los beneficiarios, en el mensaje específico en qué agencia del BCP y en qué día deberás recoger el dinero. Desde entonces se viene entregando este apoyo económico en el BCP

    Desde el pasado 30 de abril del 2020 se viene entregando el Bono Yo Me Sumo de 760 soles en las agencias del Banco de Crédito del Perú . Recuerdos que los beneficiarios son más de 163 mil familias en todo el territorio nacional. Recuerda que las agencias BCP atienden de lunes a viernes desde las 9:00 horas hasta las 16:00 horas a nivel nacional.

    Páginas oficiales del Estado

    Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social

    Ministerio de Agricultura

    Ministerio de Salud

    Presidencia del Consejo de Ministros

    Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo

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  • Se va un saltillense de ideas y visión, fue clave para el desarrollo urbano de la ciudad

    Se va un saltillense de ideas y visión, fue clave para el desarrollo urbano de la ciudad

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    Para poner remedio a esas situaciones hoy te vamos a enseñar cómo ver la clave de una red inalámbrica a la que nos conectamos desde nuestro PC. El único requisito es contar con un PC equipado con Windows 10 en el que poder seguir los pasos que mostramos a continuación.

    La ventaja principal es que no vamos a depender de aplicaciones de terceros y nos podremos valer por nuestros propios medios para acabar con el problema.

    Ver la clave Wi-Fi

    Para lograrlo basta con acceder a la barra de tareas y buscar el icono de la conexión Wi-Fi. Hacemos click en el mismo y de las dos opciones que ofrece marcamos «Abrir Configuración de red e Internet».

    Uno

    Una vez dentro del menú de «Red e Internet», debemos fijarnos en la columna izquierda que aparece bajo el nombre de Wi-Fi. Pulsamos en la misma y nos desplazamos hacia abajo en la zona derecha de la ventana hasta llegar a la opción «Centro de redes y recursos compartidos».

    Dos
    Tres

    Pulsamos en «Centro de redes y recursos compartidos» y se abrirá una pantalla con varias opciones. De entre todas nos fijamos en la que se llama «Ver las redes activas» y junto a la misma otra con el título «Conexiones». En ella vemos la red Wi-Fi a la que estamos conectados.

    Cuatro

    Al pulsar en la misma se abre una pantalla con aspectos relativos a la red Wi-Fi en cuestión y nos fijamos en una pestaña llamada «Propiedades inalámbricas».

    Cinco

    Se abre una ventana con varios campos siendo uno de ellos el titulado como «Clave de seguridad de red». Es la contraseña de la red Wi-Fi que por defecto aparece oculta. Para poder verla sólo debemos seleccionar la opción «Mostrar caracteres» que aparece en la zona inferior izquierda y el sistema nos mostrará la contraseña. Puede ser que en el proceso nos pida permisos de administrador para avanzar en alguno de los pasos.

    Seis
    Siete

    De esta forma y sin aplicaciones de terceros de por medio podemos conocer la clave de la red Wi-Fi que habíamos olvidado

    Imagen portada | Rawpixel

  • España fue clave en la llegada del hombre a la Luna

    Las estaciones espaciales de Fresnedillas, Robledo y Maspalomas fueron determinantes en la llegada al satélite

    informaValencia.com.- Las estaciones de seguimiento espacial de Fresnedillas (Madrid), Robledo de Chavela (Madrid) y Maspalomas (Gran Canaria) desempeñaron un papel esencial no sólo durante el viaje épico de julio de 1969, sino en todas las misiones Apolo.

    En las olas del Pacífico, a 812 millas náuticas al suroeste de la isla de Hawái, el Apolo 11 finalizaba su epopeya transformado en una balsa. Había caído del cielo triunfalmente, ocho días después de partir de un rincón de Florida, y ahora volvía a convertirse en la embarcación que siempre fue. Los tres astronautas que llevaba en su interior no tardaron en ser rescatados y trasladados al portaaviones USS Hornet, culminando así la que para muchos es la mayor proeza de la humanidad.

    Durante la misión Apolo 11, la NASA utilizó las instalaciones principalmente para mantener la comunicación con la nave. Técnicos españoles, entrenados por la propia agencia estadounidense, fueron los encargados de monitorizar las señales, y también las constantes vitales de los astronautas.

    El Centro Espacial de Maspalomas fue determinante en el seguimiento del Apolo11, debido sobre todo a su posición estratégica en el Atlántico, que además comparte latitud con la base de lanzamiento de Cabo Cañaveral, en Florida.

    La estación de Fresnedillas de la Oliva, integrada en el complejo espacial de Robledo, fue la que tuvo un mayor protagonismo. Para llevar a cabo la misión y posibilitar las comunicaciones, la NASA necesitaba tres señales ubicadas en distintas partes del planeta y este pueblo madrileño fue el elegido en la zona europea. Las otras dos bases se instalaron en Goldstone (California) y en Canberra (Australia).

    Uno de los ingenieros que trabajaron en ella fue Carlos González Pintado, quien medio siglo después recuerda con precisión fotográfica hasta el detalle más pequeño de aquellos momentos históricos. «Yo era técnico del sistema de receptores y excitadores», explica a RTVE.es, «mi responsabilidad estribaba en adquirir y conservar de la mejor manera posible la señal proveniente de la nave Apolo y mandar al amplificador de potencia la frecuencia adecuada, junto con la voz y datos, que Houston enviaba para los astronautas».

    Alunizaje del Eagle

    El momento más delicado de la misión Apolo 11 se produjo durante el alunizaje del Eagle, cuando el comandante Neil Armstrong, en la fase final de la maniobra, decidió interrumpir el pilotaje automático para hacerse con los mandos y llevar el módulo hasta una zona más segura de la superficie lunar, evitando unas rocas no previstas que casi con total seguridad hubieran matado a los dos ocupantes (Armstrong y Aldrin). Les quedaban dieciséis segundos de combustible.


    Neil Armstrong decidió su futuro muy joven cuando su padre le enseñó el mundo de las acrobacias aéreas. Esto hizo que con tan sólo 16 años ya tuviese licencia para pilotar aviones y que, posteriormente, obtuviese el título de Ingeniería Aeronáutica. Un piloto audaz y un hombre tímido, que acabó siendo el comandante de la misión espacial que llevaría al ser humano a pisar la Luna.
    Tras formar parte de la Marina, se incorporó en el Proyecto Gemini de la NASA. Su siguiente proyecto fue el Apolo 11, que lo convirtió en el primer hombre en pisar la Luna y el primero en pasearse por ella, aunque apenas llegaron a 60 metros del módulo lunar y el tiempo total sobre la superficie lunar fue de una dos horas y media, el más breve de las misiones Apolo que depositaron a seres humanos en el satélite.
    Pese a entrar con nombre propio en la historia de la Humanidad, Armstrong esquivó la fama y se negaba a considerarse un héroe, tan solo alguien que tenía una responsabilidad que cumplir y pudo llevar a cabo con éxito. Cumplida la misión, abandonó la NASA y se mudó a una granja en su Ohio natal para dedicarse a dar clases en la Universidad de Cincinnati.
    Rechazó ofertas para entrar en política y siguió colaborando con la agencia espacial estadounidense investigando los accidentes del Apolo 13 y el transbordador Challenger. El resto de su vida evitó reconocimientos públicos prácticamente hasta el final de su existencia, en 2012.

    Las palabras mágicas fluyeron desde la superficie de la Luna hasta el centro de control de Houston, pasando por las instalaciones españolas y recorriendo el fondo del Atlántico a través de un cable submarino: «Aquí Base de la Tranquilidad. El Águila ha aterrizado». Tiempo total de la comunicación: 1,7 segundos (1,3 para llegar desde la Luna a Madrid, y 0,4 para cubrir el trayecto restante).

    «Debido a los problemillas del aterrizaje y el hecho de tener que posar la nave a mano incrementaron la tensión un poco, pero todos estábamos seguros que aquello iba a salir bien», describe González Pintado, quitando hierro a aquel percance.

    Aunque con apenas cuatro décimas de segundo de margen, los trabajadores de las estaciones de Fresnedillas y Robledo de Chavela fueron los primeros en la Tierra en tener noticia del alunizaje del Eagle. Y también escucharon antes que nadie el otro gran momento histórico de la misión, la mítica frase que pronunció Neil Armstrong al pisar la Luna: «Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad».


    El segundo hombre en caminar sobre la superficie lunar fue Edwin E. «Buzz» Aldrin. Se doctoró en Astronáutica en el MIT, fue piloto de cazas en Corea y colaboró en el proyecto Gemini 12. Su amplia experiencia lo avalaba como un gran candidato para tripular el Apolo 11. Fue piloto del módulo lunar de esa nave, el Eagle, y según el protocolo tendría que haber sido el primero en pisar la Luna.
    Sin embargo, por su temperamento y los antecedentes familiares de depresión, la NASA optó por dejar caer el peso de la fama sobre Armstrong, el comandante de la misión.
    Aldrin, con un carácter más disponible para los medios de comunicación, ha sido el mejor propagandista de los tres. Conferenciante, autor de varios libros sobre los programas espaciales, fue imagen publicitaria en videojuegos y su nombre inspiró el del conocido personaje de las películas animadas de Toy Story, el juguete espacial ‘Buzz’ Lightyear. Con todo, no pudo evitar hundirse tras su regreso a la Tierra y cayó en una depresión severa durante un tiempo, además de tener problemas de alcoholismo

    Otros momentos de tensión

    González Pintado, para quien haber contribuido directamente a una de las grandes gestas de la humanidad supone «un gran orgullo y una gran satisfacción», confiesa que «el posar la nave no disminuyó la responsabilidad de que mi equipo siguiera funcionando a pleno rendimiento». Como recuerda, hubo otros muchos momentos de tensión:

    – «El lanzamiento hasta que el cohete Saturno V alcanzó una altura y velocidad de seguridad».
    – «La maniobra de frenado para entrar en la órbita lunar y que, además, sucedía detrás de la Luna».
    – «La maniobra de separación de los módulos que también sucedía detrás de la Luna».
    – «La maniobra de aterrizaje ya mencionada, y la posterior de despegue».
    – «El encendido del motor del módulo de servicio para volver a la Tierra que también sucedía detrás de la Luna».
    – «La reentrada en la atmosfera terrestre».

    «La euforia se quedó en segundo término, y solo cuando pasamos el testigo a Goldstone dejó de fluir la adrenalina y se disparó la euforia. Aun así, esta fue bastante contenida porque quedaban muchas cosas por hacer. Solo dejé mi emoción desbordarse cuando vi a los astronautas en el océano y cómo los rescataba la Navy», describe.

    Las tres estaciones en la actualidad

    Actualmente, la estación de Maspalomas ha pasado a pertenecer al Instituto de Técnica Aeroespacial (INTA) y se encarga del seguimiento de los satélites españoles, y de colaboraciones conjuntas tanto con la NASA como con la Agencia Espacial Europea (ESA).

    Fresnedillas de la Oliva terminó su colaboración con la NASA en 1984. La agencia norteamericana tiene actualmente centradas sus operaciones en España en la estación de Robledo de Chavela.


    Por último, Michael Collins fue el hombre elegido entre otros treinta astronautas para conducir el módulo de mando, Columbia. Su llegada a la tripulación del Apolo 11 fue casi una carambola, al ingresar a última hora como suplente en la tripulación del Apolo 8, que por el protocolo de la NASA se convertiría en la tripulación titular del Apolo 11.
    Estadounidense nacido en Roma, Collins tuvo que permanecer casi 24 horas solo en ese módulo mientras sus compañeros exploraban el satélite. Pese a que había tenido claustrofobia en el pasado, su mayor preocupación era que Armstrong y Aldrin no volviesen de la misión y le tocase abandonarlos allí. Se quedó sin pasear por la Luna, pero al menos pudo tocarla mediante las muestras que sus compañeros subieron al Columbia.
    Fue un soporte para la misión no solo por su respaldo técnico sino por su cordial forma de ser, frente a un comandante Armstrong más introvertido. Tras un breve paso por la política, Collins dirigió entre 1971 y 1978 el Museo Nacional del Aire y el Espacio de Estados Unidos, en Washington, y continuó ligado a su carrera trabajando en una empresa aeroespacial. También es autor de varios libros

     

  • La audaz operación de espionaje de un técnico ruso que entregó material clave a la CIA y ganó una colosal fortuna

    Hacia 1983, Adolf Tolkachev ya llevaba bajo la lengua una píldora venenosa y letal –muerte en segundos– que le entregó la CIA. No le quedaba demasiado tiempo. La situación era cada vez más tensa, sospechosa, y sin certeza alguna.

    La historia se había acelerado…

    Cuánto más claro y más fácil había sido seis años antes, una noche de enero de 1977, en Moscú, cuando se encontró en secreto, en una estación de servicio cercana de la Embajada de los Estados Unidos, con el jefe de la CIA destacado al corazón del Kremlin y sus misterios.

    Un dato no menor: Tolkachev, mucho antes de la misión que emprendería, era un enamorado de los Estados Unidos: «Me gusta todo. Su comida, su bebida, su forma de vida… ¡y hasta sus juguetes!».

    Esa noche, y desde hacía largo tiempo, ese hombre silencioso y de aire melancólico trabajaba en un área hipersensible: Instituto de Investigación Fazotron, Moscú, experto en tecnología de interferencia de radares y sistemas guiados por láser para la fuerza aérea del Soviet. Más que un cargo de la infinita burocracia del régimen…, un polvorín.

    La noche del encuentro en la estación de servicio no cambió palabra con el jefe de la CIA: ambos se estudiaron como midiéndose.

    Por fin, Tolkachev se acercó al auto del hombre de la CIA y dejó un sobre debajo de la escobilla limpiaparabrisas.

    Carta escueta: «Estoy interesado en discutir asuntos estrictamente confidenciales con el funcionario norteamericano apropiado».

    Pero la cuestión no se resolvió en un chasquear de dedos. Recién después de dos años (¡dos años!) de intercambio de notas secretas, la CIA hizo un guiño: «Ok».

    En realidad, una luz verde encendida por el azar: al nacer 1978, el Pentágono envió un memorándum pidiendo la información que Tolkachev juraba tener. Y el moscovita no perdió tiempo. Se acercó, discreto como siempre, a Gardner Hathaway, nuevo jefe de la CIA en Moscú, y a su mujer. Y sin bajar de su auto, les deslizó una nota altamente enigmática: contenía todos los dígitos de su número telefónico…, menos dos. Y escribió a continuación: «Los otros dos serán revelados en cierto día y a cierta hora que indicaré, grabados en dos piezas de madera que tendré en mis manos».

    Así fue. Y Tolkachev protagonizó la más impresionante serie de robos de información sobre aviación militar… ¡de toda la historia rusa!

    No era extraño: su puesto en el Instituto de Investigación Fazotron era un barril de miel al alcance de un oso. Espiando para la CIA en ese estratégico lugar entre 1979 y 1985, hizo llover datos. Tantos, que le dio a Israel ventaja sobre el poderío de los países árabes, dueños de aviones con un 99 por ciento de tecnología soviética.

    Pero muy bien pago. A cuerpo de rey. Más dólares por mes que el presidente de los Estados Unidos…

    Para entonces ya había estrenado su nombre de guerra «Sphere» (Esfera).
    No tardó en entrar en la sombría historia del espionaje, nido de traiciones si los hay, como el Rey Midas del oficio: cobró decenas de millones de dólares. Al final del camino, a valores de hoy, pasó la barrera del billion dollars (mil millones de dólares): un 1 seguido de nueve ceros…

    Pero no memos ahorró El Tío Sam en innovaciones tecnológicas. Según el Departamento de Defensa, el país aprovechó las filtraciones de Tolkachev hasta muy entrado el año 1990, y los sistemas de guía por láser y de radar se adelantaron una década gracias a ese traidor de baja estatura, silencioso, de mirada triste, que vivía en un sencillo departamento de dos dormitorios, noveno piso, con su mujer y su hijo, en la plaza Kúdrinskaia…, apenas a cuatro calles de la actual embajada norteamericana. Cercanía que facilitaba las cosas…

    Pero, además del dinero, ¿qué impulsó a Tolkachev a traicionar a su patria? Hacia 1979, en una carta a las autoridades de su nuevo patrón, confesó que los disidentes Andréi Sájarov, físico nuclear, y Alexandr Solzhenitsin, escritor, historiador y ex prisionero durante años en un Gulag (campos de exterminio creados por Iósif Stalin), y premio Nobel de Literatura 1970 por su libro «Archipiélago Gulag», le habían inspirado sentimientos de rebeldía…, además de su admiración por el país al que decidió servir.

    Otra motivación pudo ser la venganza. El padre y la madre de su esposa judía murieron bajo las purgas del terrible Padrecito…

    ¿Cómo trabajaba «Shpere«? Con simples microcámaras, y a la hora del almuerzo. Tiempo propicio y sin interrupciones para fotografiar cientos de documentos y redactar decenas de informes, silencioso como un ratón…
    Pero hacia 1980 notó que el diáfano cielo se ocultaba tras ominosos nubarrones. Advirtió que lo seguían. Ante el peligro, le pidió a la CIA la píldora de cianuro.

    La comunicación se tornó más difícil. Dependía de que Tolkachev abriera una ventana de su cocina a cierta hora…

    En 1983, Fazotron cambió todas sus normas de seguridad: alto riesgo para operar.

    Convencido de que la KGB lo había descubierto, se refugió en su dacha (casa de campo) y quemó cientos de documentos, y tiró al agua su equipo de espionaje.

    Principio del fin… El 13 de junio de 1985, un oficial de la CIA planeaba reunirse con el espía. Pero en ese instante cayeron sobre ambos doce guardias de la KGB, llevaron a Tolkachev al cuartel general, en Lubianka, revisaron cada rincón de su portafolio y sus bolsillos, y lo liberaron hacia la medianoche…, lo mismo que al hombre de la CIA.

    Pero en 1986, los diarios soviéticos, lacónicos, informaron que Tolkachev «fue ejecutado por alta traición».

    Oleg, el hijo, salió indemne. Hoy es un notorio arquitecto con despacho y estudio en Pokrovka.

    La mujer del espía fue olvidada. Reclamó a la CIA el dinero que aun le debían a su marido, pero no recibió un dólar.

    ¿Quién traicionó al traidor? Al parecer, el oficial de la CIA Edward Lee Howard, borracho compulsivo e incapaz para el trabajo de campo, que lo envidiaba, y aspiraba a ser su contacto en Moscú.

    En 2015, la CIA desclasificó casi mil páginas con los detalles de la saga de espionaje del audaz y millonario Adolf Tolkachev. Material que le sirvió al escritor David Hoffman para escribir «El espía del billón de dólares: una historia verdadera de espionaje y traición en la Guerra Fría«.
    Premio Pulitzer de ese año.