Ya sea que esté asistiendo diligentemente a jornadas de puertas abiertas en busca de su próxima casa, o que haya vivido en la misma durante décadas, siempre debe estar atento a los daños causados por el agua. Eso es porque es más que una monstruosidad: el daño por agua es un signo de un problema mayor.
Ahora que hemos llegado a enero, puede parecer que la primavera debería estar a la vuelta de la esquina. Y aunque la temporada comienza oficialmente el 20 de marzo, puede pasar algún tiempo antes de que el clima se ponga al día con el calendario, al menos según las últimas predicciones del Farmers’ Almanac. Esto es lo que debe saber.
Después de un verano de temperaturas abrasadoras en todo el país, un clima fresco y fresco en el otoño suena especialmente refrescante este año. Y con los días cada vez más cortos y la temporada cada vez más cerca, es posible que se pregunte cuándo llegará exactamente el clima de suéter (y las chinches apestosas).
A medida que comienza el largo fin de semana del Día de los Caídos, es posible que se encuentre revisando el pronóstico del tiempo para los próximos días, especialmente si sus planes incluyen hacer algo al aire libre.
Puede que el invierno no sea la estación favorita de todos, pero produce algunos de los mejores (o al menos los más lindos) contenidos de la web: videos de cachorros jugando en la nieve. Pero un revolcón rápido en polvo fresco es una cosa: ¿qué tal si te quedas afuera o te quedas más tiempo?
A menos que vivamos en una zona extremadamente seca, es común que las nubes sean parte de nuestro paisaje diario y la lluvia sea algo que hayamos experimentado alguna vez en nuestra vida.
Ya sean en forma de lluvias ligeras o tormentas, la precipitación es algo muy común en la Tierra: esto forma parte del ciclo en el que el agua se recircula por la biósfera.
Pero el agua no siempre se precipita en forma líquida, también puede caer cómo un sólido, en forma de granizo.
Pero entonces, ¿Por qué a veces simplemente llueve agua y otras veces hielo ?, ¿Qué particularidades del comportamiento de la atmósfera causan que se forme el granizo?
Sólidos, líquidos y gases
Todos los materiales que conocemos, según la temperatura a la que estén, pueden estar en alguno de los tres estados de agregación más comunes en las condiciones de la Tierra: serán sólidos, líquidos o gaseosos.
El agua es un material que tiene la particularidad de que en la Tierra lo podemos encontrar en todos esos estados de agregación.
Arriba de cero grados Celsius el agua se presenta en estado, abajo de esa temperatura tenemos agua sólida, es decir hielo.
Si la calentamos, veremos un cambio de líquido a gas, lo que ocurre más o menos a 100 ° C: cuando hervimos agua lo que vemos justamente es este proceso de evaporación.
Pero no necesitamos temperaturas tan altas para que el agua se evapore: en un día soleado, el agua se evapora poco a poco sin que lo notemos, así es como la ropa que lavamos se seca, sin que el agua que está en ella llegue a su punto de ebullición.
Receta para hacer nubes
Las nubes se forman a partir del agua que se evapora lentamente: cuando el vapor llega a cierta altura donde la atmósfera está más fría, se condensa y entonces el vapor se convierte en diminutas gotas de agua líquida.
Estas diminutas gotas de agua que se agrupan en nubes, pueden permanecer suspendidas durante largo tiempo: hasta que las gotas se vuelven más grandes y pesadas, y entonces llueve.
Dependiendo de las condiciones de la atmósfera y la temperatura, a veces puede pasar que esas gotas de agua líquida al bajar se congelen, pero el granizo no es simplemente lluvia congelada.
En una granizada el hielo se forma dentro de las nubes y se precipita de esa forma al suelo: así es, el granizo es un sólido, desde que sale de la nube de tormenta.
Cuidado con el granizo
El granizo se forma cuando, por las condiciones de la atmósfera, en las nubes hay corrientes de aire cálido que suben y empujan a las gotitas hacia mayor altura donde se enfrían lo suficiente para congelarse.
Por eso, los climas templados o cálidos de la primavera o el verano son más propicios para las tormentas de granizo.
Si las corrientes de aire son suficientemente fuertes, las partículas de agua congelada bajan y suben dentro de la nube: en cada una de estas vueltas consiguen una capa más de hielo, aumenta su tamaño.
En algún momento aunque estas corrientes continúen ya no pueden mantener al granizo dentro de la nube y entonces se precipitan hacia el suelo.
Cuando las bolitas de granizo son muy grandes, puede causar daños, desde dañar cosechas, romper vidrios o herir personas.
Pero en general la mayoría del granizo que se precipita de las nubes es en general pequeño: de unos 5 milímetros, hasta un par de centímetros.
También muchas veces la precipitación de granizo está asociada con las tormentas eléctricas, así que si los rayos no son razón suficiente para que se mantengan a resguardo cuando estas ocurren, ahora tienen una razón más para hacerlo: protegerse del granizo.
Desde que los seres humanos aparecimos en el planeta no hemos dejado de modificar nuestro entorno.
Primero con la caza, luego domesticando plantas y animales para nuestro beneficio, también al usar el fuego: todas esas acciones, aparentemente pequeñas, hechas por nuestros antepasados comenzar a modificar el ambiente.
Luego la Revolución Industrial marcó un hito en muchos sentidos: desde entonces los seres humanos hemos contribuido significativamente a que suba la temperatura del planeta.
Y desde hace unas décadas nuestra influencia en el ambiente se ha extendido un poco más y ha llegado al espacio.
Tiradero de basura orbital
Podemos decir, que hasta mediados del siglo XX, los seres humanos nos habíamos dedicado a modificar solamente el ambiente más cercano y la órbita de la Tierra estaba completamente limpia.
Pero eso cambió en 1957 cuando la Unión Soviética lanzó el primer satélite artificial, Sputnik 1: el primer objeto humano en estar en la órbita baja de la Tierra, que además inició la carrera espacial, entre la URSS y EE. UU.
Ese pequeño satélite, una esfera metálica de apenas 58 centímetros de diámetro, con cuatro antenas, fue funcional poco tiempo: sus baterías duraron unas tres semanas y sabemos que cayó de vuelta a la Tierra en 1958.
Aunque los satélites actuales por supuesto tienen vidas útiles mucho mayores que el Sputnik 1, en algún punto dejan de funcionar.
Pero no es que podamos bajarlos y llevarlos a un tiradero de basura: su destino es seguir ahí, orbitando, hasta que en algún momento, caen.
En general la basura espacial tiene un decaimiento orbital, es decir que se va desacelerando, por su contacto con la atmósfera y así puede caer a la Tierra.
Además la fricción con la atmósfera hace que los pedazos se desintegren o se hagan más pequeños.
Cambio climático y atmósfera
La historia del cambio climático sin duda es mucho más antigua que la basura espacial: comenzó cuando hicimos extensivo el uso de combustibles fósiles.
Quemar carbón o derivados del petróleo ha incrementando la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera: un gas de efecto invernadero.
Ese gas ya existía naturalmente y cumplía la función de mantener una temperatura adecuada, porque evita que se escape el calor del Sol que llega a la Tierra.
Por eso, demasiado dióxido de carbono en la atmósfera aumenta la temperatura del planeta.
Pero ahora sabemos que ese no es el único problema: hay evidencias de que más dióxido de carbono disminuye la densidad de la atmósfera.
Tierra: tenemos dos problemas
Actualmente orbitan la Tierra decenas de miles de objetos, con el tamaño suficiente para que los podamos detectar desde el suelo, pero son los únicos hay muchos otros más pequeños o incluso diminutos, de solo 1 milímetro.
De esos, solo 3370 son satélites activos: los demás son considerados basura espacial.
Pueden ser satélites completos que ya no se usan, cohetes o pedazos de cohetes: como el Larga Marcha 5B, que cayó recientemente.
Y pues aunque la noticia del cohete chino alarmó a muchos, en general de los escombros espaciales se espera que caigan y se desintegren, al menos parcialmente, con ayuda de la atmósfera.
Estos procesos ocurren cada cierto tiempo y en cierta medida van limpiando los alrededores de la Tierra.
Pero con la reducción de la densidad atmosférica que se ha observado, también hay una disminución del decaimiento orbital: esto hará que la basura espacial tenga tiempos más largos de permanencia en órbita.
Así que el espacio alrededor del planeta acumulará más y más objetos en órbita con el paso del tiempo, pues además el lanzamiento de satélites no se detiene.
Así que, por si no teníamos suficientes razones para preocuparnos por el cambio climático, aquí está otra. Además, por supuesto de que esa idea de que la atmósfera de la Tierra se está volviendo menos densa no suena nada alentadora.