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Expertos espaciales, entusiastas e incluso algunos funcionarios gubernamentales de EE.UU. se mostraron por largo tiempo desconcertados acerca de cuál sería el uso real de la secreta nave espacial no tripulada X-37B –de cuya existencia se supo por primera vez en 2014–, hasta que ahora Heather Wilson, exsecretaria de la Fuerza Aérea estadounidense, diera a conocer algunas de las posibles misiones de este clasificado aparato, informa el portal military.com.
Wilson, quien desde mayo de este año preside la Universidad de Texas, en El Paso, intervino el viernes de la semana pasada en el Foro de Seguridad de Aspen. Al hablar allí sobre la situación espacial y la disuasión, dio algunas claves: «Parece una versión pequeña del transbordador [espacial de la NASA], pero no está tripulada», dijo, y tildó a la X-37B de «fascinante» porque puede dar vueltas alrededor de la Tierra en órbita elíptica y, estando cerca de la atmósfera terrestre, cambiar de rumbo. «Esto significa que nuestros adversarios (…) no saben dónde va a aparecer después. Y sabemos que esto los vuelve locos. Yo estoy realmente contenta de eso», agregó.
También conocida como OTV (Orbital Test Vehicle) y construida por la compañía Boeing para el Ejército de EE.UU., la X-37B es cinco veces menor que otros transbordadores espaciales. En misiones anteriores, esta nave no tripulada ha sido puesta en órbita a bordo del cohete Atlas V, del fabricante estadounidense Lockheed Martin.
El 7 de septiembre de 2017, SpaceX lanzó por primera vez el Boeing X-37B, cumpliendo un contrato con la Fuerza Aérea. Los objetivos precisos de este aparato siguen siendo un misterio, pero se cree que fue concebido y diseñado para la destrucción de satélites espaciales, y que uno de los propósitos de aquel lanzamiento fue el de probar la rentabilidad económica de tal procedimiento, en comparación con el uso de misiles lanzados desde tierra.
Los comentarios de Wilson sobre la maniobrabilidad de la nave pueden arrojar luz sobre «una capacidad hasta ahora secreta, relacionada con la órbita», dijo Jonathan McDowell, astrónomo y astrofísico del centro de astrofísica Harvard-Smithsonian.
«Es cierto que el X-37B vuela más bajo que casi cualquier otro satélite activo, y lo suficientemente bajo como para que la resistencia atmosférica sea definitivamente significativa», señaló Brian Weeden, director de planificación y asesor técnico de seguridad espacial nacional e internacional. «Por lo tanto, la declaración [de Wilson] sobre el uso de esa resistencia aumentada para alterar su órbita, más su forma inusual, es plausible».
McDowell dijo que el movimiento del avión probablemente «saque a un satélite adversario» fuera de su órbita, aunque sea por un corto tiempo.
El desarrollo de la ciencia y la tecnología espacial no es exclusivo de una nación, sino una necesidad para la humanidad, y México es capaz de tener mayor participación si encuentra un nicho de oportunidad, afirmó Alejandro Farah Simón, del Instituto de Astronomía (IA) de la UNAM.
La carrera espacial va más allá que sólo diseñar cohetes o transbordadores, existen diversas áreas de oportunidad, como la medicina, ingeniería y minería espaciales, así como el estudio del funcionamiento del cuerpo humano en diferentes atmósferas, pues en gravead cero se presenta desorientación, disminución de masa muscular y descalcificación, detalló.
En la minería espacial, dijo, “ya se cuenta con tecnología, pero es importante crear nuevos materiales, como textiles y aleaciones”.
Otra opción es la telemedicina, como posibilidad de atención médica a los astronautas mediante robots. “Lo importante es que ingenieros mexicanos se preparen”.
Mismas capacidades
El universitario aseguró que los científicos e investigadores mexicanos tienen las mismas capacidades que sus contrapartes europeos, estadounidenses o asiáticos, “la diferencia radica en el apoyo que reciben, pues en México es aún muy limitado, por lo que una idea tarda en llevarse a cabo de 15 a 20 años”.
Por eso, destacó la importancia de que en México se realice este tipo de desarrollo y ciencia, no sólo por dinero, sino para tener un beneficio social al abaratarse los costos de diversos productos. “Todos tenemos un poco de tecnología espacial en nuestras manos todos los días, pues son los satélites los que hacen posible el uso de los teléfonos inteligentes”.
Farah Simón resaltó que quienes se dedican al desarrollo en ciencia y tecnología espacial deben hacer trabajo colaborativo: actualmente no es necesario empezar de cero, sino sumarse con conocimiento y capacidades.
De no invertir debidamente e incorporarse de lleno a este campo, los proyectos en los que han participado científicos e investigadores mexicanos seguirán siendo aprovechados por alguien más, con pocos beneficios para nuestro país; muestra de ello es el vehículo robot de exploración de Marte, Curiosity, cuyas ruedas de aluminio fueron diseñadas por un mexicano, concluyó.
Foto UNAM
Fuente UNAM
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