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Gabriel Magalhães (Sao Paulo, 1997) es uno de esos jugadores al fútbol no le ha regalado nada para llegar donde está. Fichado por Marcelo Bielsa en 2016 para el Lille, el central brasileño se ha erigido esta temporada como uno de los centrales más regulares de la Ligue 1 tras varias cesiones en Troyes y Dinamo de Zagreb en las que no cuajó . En verano estuvo muy cerca de salir traspasado antes de explotar definitivamente con Christophe Galtier.
Central estriado, zurdo y con buena planta, Gabriel es un jugador que engaña por altura. Una vista simple puede parecer un tosco central, lento y al que la cuesta reaccionar, pero, todo lo contrario. Se ha convertido en uno de los defensas que mejor sacan la pelota jugada del fútbol francés aunando precisión en el primer pase y arriesgando en conducción aprovechando la buena técnica que la dispone. Quizá es mejor con la pelota que sin ella, aunque en el apartado defensivo no desentona .
Antes del parón por el coronavirus, el ex del Avai había disputado 24 partidos en la Ligue 1, 10 más que en la anterior y mostrando una mejoría en el juego espectacular. Donde más destaca es en la anticipación, exponiendo una lectura de juego brillante para las intercepciones que le han hecho ser un jugador con un porcentaje muy alto de duelos ganados por partido.
La cara que más debe mejorar Gabriel es la colocación. Aunque es un jugador muy fiable en los duelos, sufre a la hora de realizar retrocesos defensivos y más cuando el jugador ha jugado contra equipos replegados y los que han dejado bastante espacio a la espalda de los laterales. Sin embargo, estamos ante un jugador con un margen de mejora muy alto tal como ha demostrado en la presente temporada y que podría encajar en el Real Madrid como suplente de Sergio Ramos.
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