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LaLiga parece que tiene asumido que si se acaba la temporada 2019/20 será una puerta cerrada, sin aficionados en las gradas, y ‘ESPN’ apunta que necesita en mente una revolución en las retransmisiones televisivas para acercar el fútbol a los seguidores que no podemos disfrutar del espectáculo en directo.
Según la citada información, Javier Tebas lleva varios días conversando con Mediapro la empresa que da la señal de los partidos, para ofrecer una experiencia completa para aquellos aficionados que no existen en sus casas disfrutando del fútbol.
Alguna de las medidas que quiere incluir LaLiga en las retransmisiones deportivas podrían incluir los sonidos de los jugadores además de un cambio en los tiros de cámara y utilizar lonas en las gradas para que no vean los estadios vacíos.
Para poder llevar a cabo esta propuesta, el personal que tendrá en los estadios será el justo y necesario para que las retransmisiones puedan llevar a cabo sin problemas, siempre bajo el paraguas de los protocolos sanitarios que tiene el Gobierno.
Por el momento, dicha propuesta no está aceptada, ya que requiere la aprobación de los jugadores y los clubes, pero “ESPN” señala que los primeros tanteos de LaLiga han sido positivos.
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Acabado el partido ante el Atlético y consumada la derrota (3-7) más abultada en una pretemporada desde 1980, cuando el Bayern de Múnich le endosó un 9-1, la expedición del Real Madrid se trasladó hasta el aeropuerto de Newark (Nueva Jersey) para subirse a un avión rumbo a España, tras casi tres semanas de concentración en Canadá y EE UU.
El lugar de concentración fue elegido por el propio Zinedine Zidane para reconectar con los espíritus que en 2016 bendijeron al equipo hasta la conquista de la Liga y la Champions, amén del Mundial de Clubes y la Supercopa de Europa. Pero por lo visto, la mística también se coge vacaciones, y en esta ocasión el balance deportivo y espiritual de la estancia americana arroja datos demoledores para el madridismo: una victoria, dos derrotas, 12 goles recibidos y cuatro lesionados: Brahim, Asensio, Mendy y Jovic, que abandonó el derbi a los 29 minutos tras un golpe con Oblak.
“Nuestra temporada va a ser buena, estoy convencido”, se apresuró a pronosticar Zidane, quien tras encajar siete tantos ante el Atlético —nunca antes habían logrado los rojiblancos semejante botín en un derbi— salió a rueda de prensa sin pasar antes por el vestuario. “No podemos estar contentos con esta derrota, está claro. Pero estoy convencido de que tengo un equipo que va a competir muy bien. Tenemos que descansar un poco y pensar en el 17 de agosto”, señaló, emplazando la presentación de su nueva obra hasta el arranque de Liga, y antes de resolver que para el Atlético el partido “no ha sido un amistoso”. Sergio Ramos también se manifestó en esa misma línea. “La diferencia ha sido esa, nosotros nos lo hemos tomado como un amistoso y ellos como si fuera una final”, se sumó el capitán del Madrid. La rueda de prensa de Zizou terminó con una frase contundente: “Vamos a pensar lo que hemos hecho para intentar hacer otra cosa el próximo partido”.
La realidad del presente blanco, escenificado en los partidos ante Bayern de Múnich (derrota por 3-1), Arsenal (2-2 y triunfo en los penaltis) y Atlético, refleja la negación del técnico francés a una revolución que aunque él mismo anunció en mayo no ha llegado a ejecutar. “Habrá cambios”, dijo; “pero muchos se van a quedar”, añadió después. Por lo visto a lo largo de las alineaciones que ha presentado el francés durante la pretemporada, y a tenor de las decisiones que se han tomado en cuanto a la configuración de la plantilla, ese grupo invariable no solo se ha mantenido, sino que seguirá siendo parte del esqueleto del equipo la próxima temporada.

Lesionado Mendy (que podría llegar al mes de baja), y sin que se haya producido el estreno de Militão (no se ha unido aún al grupo), la línea defensiva sobre la que trabaja Zidane de cara al inicio de curso en agosto sigue siendo la misma que encajó 46 goles en Liga la pasada temporada, la cifra más alta en la última década. Tampoco se ha modificado la silueta del centro del campo, a la espera de un Pogba todavía lejos, y en la que no se ha incorporado ningún jugador del corte de Kovacic, Llorente o Ceballos, todos ellos fuera del vestuario. Con Casemiro de vacaciones, Kroos, que ante el Atlético perdió 10 balones, más que nadie, ha vuelto a ejercer de sustituto del brasileño, una tarea en la que ya se desempeñó el curso pasado y evidenció carencias.
Junto al medio alemán, mantiene su condición de intocable un Modric que sigue sumido en la indefinición, aún sin la escapatoria de la sobrecarga física; e Isco, que aunque ha resultado irrelevante en la mayoría de sus apariciones, mantiene el cariño de Zidane por delante de James Rodríguez.
Bien es cierto que aunque la única línea que se ha visto ligeramente modernizada ha sido la de la delantera, con la llegada de Hazard, Rodrygo y Jovic, al margen del belga ninguno de los otros dos, especialmente el serbio, ha presentado credenciales suficientes para asaltar la titularidad. Los 60 millones de euros invertidos en él solo han desfilado por el campo durante 90 escasos minutos, y en ellos no ha demostrado argumento alguno para comprometer la titularidad de Benzema.
La única decisión estratégica que advierte de la voluntad de Zidane por no reproducir episodios pasados tiene que ver con la entrega de la titularidad en la portería a Courtois, y el empujón hacia la puerta de salida a Gareth Bale, único tótem a quien ha decidido no indultar tras lo observado en el tramo final de la temporada pasada.
El próximo partido que disputarán los blancos será el martes ante el Tottenham en Múnich. Será la cuarta oportunidad para ver si esas “otras cosas” que anunció Zidane siguen siendo las mismas y dando el mismo resultado.
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