Más allá de los resultados que obtendrá de aquí a una final de temporada, si es que se reanuda, los efectos colaterales del estado del confinamiento aseguran, salvo catástrofe, la continuidad de Quique Setién al frente del Barça la próxima temporada. Ronald Koeman era el favorito número uno para entrenar al club azulgrana en la temporada 2020-21, pero el aplazamiento de la Eurocopa alargó el compromiso del héroe de Wembley con la Federación holandesa. Koeman dijo no al Barça el pasado mes de enero, cuando Valverde fue destituido, pero dejó claro a Eric Abidal que estaba dispuesto a coger los mandos del equipo en el último año de mandato de Josep Maria Bartomeu. Ahora, tengo que esperar. Koeman fue el segundo entrenador en decir no después de las calabazas de Xavi al presidente.
Fue entonces cuando, después de descartar una llamada a Pochettino por el rechazo que generó en el entorno azulgrana, apareció la opción Setién, que no se lo pensó dos veces. Firmó hasta junio de 2022, si bien Bartomeu tuvo una cláusula por la cual el próximo presidente del Barcelona, que será elegido en junio de 2021, podrá romper el contrato con el cántabro y tener las manos libres para fichar al entrenador que considere oportuno. Aun así, tuve dudas de que Setién aguantase hasta el fin del mandato del actual presidente si no retenía, al menos, el título de LaLiga.
El actual escenario, que descarta a Koeman, Xavi e incluso a Roberto Martínez , seleccionador belga, podría incluso más ‘comprensivo’ a Bartomeu en caso de que el Barça cerrase la temporada sin títulos. Cada día que pasa, además, Setién gana más enteros para seguir porque los calendarios de las temporadas 2019-20 y 2020-21 casi se solaparán. Una línea continua podría ser adecuada. Setién, pues, se ha logrado sin rival, aunque no lo tiene todo resuelto. De aquí a final de temporada, tendrá que demostrar que ha hecho ciertos progresos y que ha dado la plantilla, al menos en algún aspecto, el famoso ‘impulso’ que la política directiva y deportiva del Barça demostró cuando fichó.
Pero es cierto que las especialidades circunstancias que rodean esta crisis ayudan a pensar que su continuidad está cerca. En su mano tiene seguir y, lo que sí ha detectado desde que entró por la puerta del vestuario del Camp Nou, es la ilusión no le falta. A sus 61 años, es capaz de saborear lo que significa entrenar al Barça, aunque ha descubierto que una de sus frases de cabecera, “perder es una opción”, es inhábil en un grande.