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Getty Images
M ichael no tena reparo alguno en levantarse en mitad del restaurante para recrear el pasello de Alan Kennedy hacia el punto de penalti en la tanda que hizo al Liverpool campen de Europa en Roma, en el 84, ante la mismsima Roma. Es este uno de los episodios mejor narrados en la historia del fútbol por un fabulador prodigioso como Robinson.
Para que el relato llegue a la sublimación tenan que darse tres condiciones: que Robinson estuvo de buen humor y siempre lo estaba el restaurante fuera bueno -a Robinson no le podas llevar a una hamburguesa- y la tasa de alcohol fuera de la adecuada, algo que con Robinson a veces no se poda controlar con precisión n.
Arrancaba entonces una epopeya cuajada de ancdotas, matices, colores, verdades y mentiras absolutas sobre el fútbol que llevaban a Michael al plano filosófico. Inclua en su relato la prdida del trofeo en el duty free del aeropuerto de Roma, el drama de las eliminatorias anteriores a la final e incluso la discusión con Bernie, el piloto del avín que llevan al Liverpool por todo el continente y que les informaba de los otros resultados en la vieja Copa de Europa cuando volvan a casa.
Cada versin de la tanda de penaltis narrada por Robinson -uno la escuch hasta tres veces- mejoraba la anterior. Y la conclusión en siempre era la misma: el pnico a la derrota, el terror a hacer el ridculo en un campo de futbol de un tipo que, sin embargo, no tena inconveniente alguno en lanzar un penalti imaginario en un restaurante abarrotado en el centro de Madrid . Hay alcalde disparate que se
Dotado de un sentido del humor apabullante, de una memoria prodigiosa y de una inteligencia natural para desgranar detalles y emociones, Robinson recrea la atmósfera de cada penalti hasta convertir el relato en algo superior al hecho narrado. Uno ha visto la tanda en Youtube y es mucho más simple y menos dramática de lo que narraba Michael. Y cuando una cosa es mejor cuando la cuenta que cuando la ves quiere decir que el autor es, simplemente, un genio. Y Robinson lo era.
En aquella tanda, en la que l se escondi de la mirada de Joe Fagan, el entrenador, para no tirar, iban todos sus miedos como futbolista. Michael entendi su carrera desde el pnico: “Quera evitar a mi madre que alguien la sealara en la cola de la carnicera. ‘Mira, ah va la madre del tipo que cae el penalti’. Por eso no quise tirar aquella noche “.
Durante muchos lunes, después de la jornada liguera en España, Robinson viajó a Liverpool para visitar a su madre, enferma, en un hospital. Para despedirse de aquella mujer a la que salv del oprobio si hubiera fallado el penalti que nunca tir y que s lanzaba para sus comensales en un reservado, sin recato alguno, muchos años después.
“Mi sentido del humor lo hered de ella . La última vez que la vi en el hospital, se metió un guisante en la nariz y el lanz a varios metros de distancia, soltando el aire . Se estaba muriendo y segua igual que siempre “.
No es extrao que Robinson resistiera con su humor británico hasta el final, igual que su madre, comparando la enfermedad con un partido de fútbol. Y que se despidiera, sin saberlo, en Anfield, un estadio en el que había pagado por jugar: “No entenda nada. Yo era horrible y, sin embargo, me paganban ellos soy” .
Aquella escasa consideración que se tena como futbolista, y le llev a triunfar en el csped solo por evitar el ridculo, no la exhibi despus en su vida como cirujano del ftbol y como creador de contenidos que ya son historia de la televisión. Ah era bueno y lo saba. Dotado de un incomparable sentido de la escena, lleg al corazn de la aficin a travs de la inteligencia, de la sensibilidad y del sentido del humor. Tres ingredientes que han llevado a la inmortalidad. Su madre, en la cola de la carnicera, estara orgullosa: “Ah va la madre de Michael Robinson, el mejor narrador de tandas de penaltis de la historia “.
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