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El Mallorca ha anunciado este domingo que suspende los entrenamientos de su primer equipo “hasta nueva orden”, para cumplir así con las recomendaciones realizadas por la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) de parar toda actividad debida a la crisis del coronavirus.
El club balear era uno de los pocos integrantes de LaLiga que había tenido su programación de entrenamientos y, de hecho, los jugadores se ejercitaron toda esta semana a las órdenes del técnico Vicente Moreno. [19659003] Los futbolistas seguirán pautas de entrenamientos ordenadas por el cuerpo técnico desde sus domicilios.
El club bermellón, específicamente, deja un criterio de cada jugador la posibilidad de que sean entrevistados por los medios de comunicación, las solicitudes que gestionan por el departamento de prensa, al tratarse de una situación “delicada”, según señala un portavoz.
El Mallorca debe jugar este sábado ante el FC Barcelona en el estadio Son Moix y la próxima semana iba a visitar el campo del Villarreal, pero ambos partidos, y todos los correspondientes a las jornadas 28 y 29, han sido suspendidos por la pandemia Covid-19.
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L una situación que ha generado el coronavirus en el fútbol y en el deporte en general no tiene precedentes. LaLiga de momento ha suspendido las dos próximas jornadas, pero en el horizonte no ve el final del túnel. Por eso no es descabellado pensar en la competición -como muchas otras- no puedo continuar. Ante este escenario, aún no hay nada decidido, aunque en países como Alemania ya se lo determinado a plantear.
Si LaLiga siguió el posible procedimiento de la Bundesliga ¿cómo quedaría la temporada 2019-20 y ¿Cómo repercutiría en la siguiente campaña?
Lo primero que quedaría claro es que LaLiga terminaría tal y como está ahora y, siguiendo lo que plantea el campeonato alemán, el campeón sería el Barcelona, que aventaja al Real Madrid en dos puntos . Supondría el título número 27 para los azulgrana y tercero consecutivo. Se situarían a 6 de los blancos. Sería el primero de Quique Setién como entrenador y el undécimo de Messi.
Los dos equipos que irían a la próxima edición de la Liga de Campeones podrían, además de Barcelona y Real Madrid, podrían el Sevilla y la Real Sociedad . Para el conjunto vasco estaría un hito que no llega desde el 2010 cuando cayó en la fase de grupos. Sería su quinta participación en total. Esto provocaría el Atlético de Madrid, uno de los mejores equipos de la máxima competencia en el último lustro, quedaría fuera. También el Valencia, presente en las dos últimas ediciones.
Para la segunda competencia continental, El Getafe repetiría la experiencia al finalizar en quinta posición. Le acompañaría, específicamente, el Atlético, como sexto clasificado, y el Valencia, como séptimo .
El conjunto de la capital del Turia entraría debido a la imposibilidad de la disputa de la final de la Copa del Rey, título que quedaría desierto . Esto dejaría además al Athletic sin la oportunidad de optar no solo al título sino al ir a la siguiente edición de la Europa League.
La situación provocaría menos dramatismo para los equipos implicados en la zona baja. No había descensos, un alivio para equipos como el Espanyol, Leganés y Mallorca actualmente en las tres últimas posiciones.
Que no había descensos no había perdido los ascensos de Seguda. En Alemania ascendieron a cuatro equipos, pero hay que recordar que en la Bundesliga son actualmente 18 clubes. En España, siendo ya 20, lo más lógico es que solo ascendieran dos. Además sería lo más apropiado, ya que según nuestros sistemas, los dos primeros son los que ascienden de forma directa. En este caso, Cádiz y Zaragoza retornarían a la máxima categoría . Volveríamos a una Liga de 22 equipos por primera vez desde la campaña 1996-97.
La próxima temporada tendría cuatro descensos (volver a la situación de 20 clubes en Primera para la campaña 2021-22).
Como hemos dicho, todo esto no son más que conjeturas sirviéndonos de lo que se plantean en Alemania (y que tampoco es oficial). De lo que no cabe duda es que crearía un enorme conflicto de intereses y que la política sería servida.
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Una mañana de julio el trabajador del servicio municipal de limpieza de Santander Juan Manuel López Hoyos vacía una papelera. Inmediatamente después, abre una aplicación y acerca su móvil a un pequeño dispositivo de identificación instalado en un lateral de la misma. Cada día realiza este mismo proceso con cerca de 60 papeleras del centro de la ciudad y toma nota en la app en el caso de que haya cualquier incidencia. De esta forma, no solo queda registrado su trabajo, sino que también es posible hacer un seguimiento del estado de las papeleras.
Este es solo uno de los proyectos que atraen a autoridades de todo el mundo a esta smart city para comprobar cómo el Internet de las cosas ha impactado en la gestión de diferentes servicios. La prensa internacional —por ejemplo, la cadena BBC o la web alemana Spiegel Online— también se ha hecho eco de estas iniciativas. En los últimos años, esta ciudad de 172.000 habitantes se ha convertido en un laboratorio urbano donde se prueban todo tipo de tecnologías y aplicaciones para ciudades inteligentes, según ha podido comprobar EL PAÍS en un viaje al que ha sido invitado por la Sociedad Estatal para la Gestión de la Innovación y las Tecnologías Turísticas (Segittur).
La plataforma Santander Smart City permite integrar toda la información de los diferentes servicios municipales y miles de sensores desplegados por la ciudad. Estos últimos dispositivos recogen múltiples datos: desde la calidad del aire, el ruido o la temperatura hasta qué aparcamientos están libres u ocupados en diferentes calles o cuándo es necesario regar un parque o un jardín determinado.
Y están por todas partes. Por ejemplo, los autobuses cuentan con sensores en su parte superior que permiten conocer el nivel de contaminación en diferentes zonas de la ciudad. También se han instalado en farolas y paredes dentro de pequeñas cajas blancas con el objetivo de medir el ruido, la temperatura o la luminosidad.
Además, múltiples dispositivos instalados en el suelo monitorean cuántos coches hay aparcados en determinadas calles mientras diferentes paneles de información indican los sitios libres que hay en una zona determinada para aparcar el coche. Hasta los contenedores de papel y envases tienen sensores de medición volumétrica que indican cómo de llenos están. Esta información es especialmente valiosa a la hora de planificar las rutas de recogida, que pueden variar en función de las necesidades. Como los camiones de basura también son inteligentes, es posible monitorizar su recorrido y actividad.
Santander comenzó hace una década a trabajar para convertirse en una smart city. “La mayor dificultad no la tienes en la tecnología, sino en la gestión de ese cambio”, ha afirmado la responsable de implantación de la plataforma Smart City, Verónica Gutiérrez, en un curso sobre destinos turísticos inteligentes organizado por Segittur en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.
El Ayuntamiento de Santander, que ha participado en múltiples proyectos europeos en esta línea, optó por ir incorporando la tecnología en diferentes servicios a medida que se renovaban los contratos. Por ejemplo, en la gestión del alumbrado público. Gutiérrez ha explicado que primero “se hizo una auditoría energética para estimar el ahorro”. Finalmente, se empezaron a hacer proyectos de eficiencia energética en edificios y las farolas pasaron a utilizar tecnología LED. Este cambio, según sostiene, ha supuesto un ahorro del 80% del gasto energético municipal y un 35% de los costes de mantenimiento.

También se han reducido en cinco millones de metros cúbicos las pérdidas de agua en la ciudad al identificar dónde se producían pérdidas en el suministro, según Gutiérrez. Aqualia ha facilitado sensores a 2.000 abonados y ahora puede informarles a través del smartphone en el caso de que se produzca un consumo desorbitado o alguna incidencia. Esto es posible gracias a la aplicación Smart Water Santander, que además de permitir a los ciudadanos recibir alertas por un exceso de consumo, también sirve para consultar el consumo del agua o reportar incidencias relacionadas con el servicio.
En el marco de los diferentes proyectos de Santander relacionados con su estrategia de Smart City, también se han lanzado otras apps como SmartSantanderRA. Con ella, el usuario puede acceder a información y la localización de múltiples puntos de interés turísticos, playas, museos, salas de exposiciones y consultar la agenda de eventos culturales o información sobre el transporte.
Dar a conocer este tipo de servicios y aplicaciones es fundamental para el Ayuntamiento de Santander. Con el objetivo de informar sobre todos estos cambios y proyectos a los ciudadanos, se ha puesto en marcha junto a Telefónica el Centro de Demostraciones Smart City Santander. En él, se realizan actividades de divulgación tanto con niños como con adultos. Todo con un único objetivo, según apunta Gutiérrez: conseguir que “la tecnología sea muy transparente y no se convierta en una barrera para los ciudadanos”.
Santander es un destino puntero para turistas que buscan sol y playa, cultura, compras, ocio, gastronomía y congresos. Su fuerte apuesta por las nuevas tecnologías afecta tanto a residentes como a turistas y ha hecho que la ciudad consiga un distintivo de Destino Turístico Inteligente otorgado por Segittur. Esta última organización lidera una red formada por diferentes lugares que aprovechan la tecnología y el big data para conocer mejor a los turistas de cara a mejorar su competitividad. Entre ellos, están Almería, Benidorm o Salou.
“El destino turístico surge por una necesidad de planificar el desarrollo de una actividad que tiene mucho impacto sobre los destinos. Hoy en día, dentro de un contexto fuertemente marcado por las nuevas tecnologías”, afirma Edurne Vidal López-Tormos, jefa de proyecto dentro del Área I+D+i de Segittur. Un destino turístico inteligente, además de contar con una infraestructura tecnológica, es innovador, sostenible y accesible y facilita la interacción e integración del visitante con el entorno y mejora la calidad de vida del residente.