Etiqueta: secretos

  • quiénes son hijo y cómo opera la red que revela secretos gubernamentales y empresariales

    quiénes son hijo y cómo opera la red que revela secretos gubernamentales y empresariales

    No puedes destruir una idea.

    Hace ya más de una década que Anónimo toma internet por sorpresa, atacando gobiernos y organizaciones grandes, revelando secretos, planos o tirando abajo iniciativas.

    ? Sucede que esa es una respuesta más compleja de lo que muchos creen, porque todos somos anónimos, y nadie lo es a la vez. Sí, suena raro, pero esto opera bajo el principio del anonimato (por eso su nombre) en la red.

    No existe una cabeza visible o un cuartel general de Anónimo. Han existido lineamientos, como describimos aquí mismo hace una década ya, pero no encontramos a alguien «a cargo».

     anon

    Pongámoslo más en simple: un trabajador de informática de alguna empresa grande encuentra algo perturbador y que simplemente no está bien. Sabe que al entregar esto perdería su empleo, por lo que decide tomar las medidas de seguridad necesitará, usar el avatar de Guy Fawkes y revelar en un tablero de imágenes o red social lo que está pasando.

    Este ser puede que nunca haya cruzado palabra alguna con los que están, en este momento, tirando abajo la administración Trump , porque Anónimo es una idea, un recurso. des-organización «. Puede que el mundo del entreten imiento, Hollywood y más han pintado esto de mala manera, a su conveniencia, pero mientras haya alguien interesado en revelar secretos, esto podría existir.

    grupos organizados y anónimos como tal no lo es.

    de la democracia moderna.

    Cada quien tiene su punto de vista, pero nos guste o no, Anónimo necesita tener mucho tiempo más.

    .

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  • Los secretos de la «fantasmal» Casa Niemeyer de Brasilia

    Los secretos de la «fantasmal» Casa Niemeyer de Brasilia

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    Oscar Ribeiro de Almeida Niemeyer Soares Filho, más conocido como Oscar Niemeyer, fue uno de los personajes más influyentes de la arquitectura mundial. Entre su obra, marcada por una pronunciación aversión a las líneas rectas y por la exploración de …

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  • Joven La joven de la perla ’revela todos sus secretos

    Joven La joven de la perla ’revela todos sus secretos

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    La joven de la perla
    , el famoso cuadro pintado por Johannes Vermeer en 1665, es una de las pinturas más investigadas y documentadas del mundo. Pero también una de las más fascinantes y misteriosas. De ahí, gran parte de su atractivo. Y …

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  • Osasuna: Chimy Ávila no tiene secretos: una cicatriz por culpa de una carrera de caballos, el «sueño máximo» de jugar con su hermano … | TECNOTVHN

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     Chimy Ávila posa para MARCA.
    Chimy Ávila posa para MARCA.
    J.P. Urdiroz / MARCA

    Ezequiel Ávila en una charla con el periodista argentino Nacho Rivarola en una directora de Instagram luego a desvelar algunos de sus secretos. El delantero de Osasuna, recuperándose de su grave lesión en esta cuarentena, confesó que tiene una cicatriz en el frente por culpa de un caballo y que su sueño es jugar con su hermano Gastón Ávila, pero no en Boca.

    Ir a entrenar en caballo : “A veces iba a entrenar en caballo y no quería que me viesen mis compañeros, me daba verguenza. Llegó a ir en bicicleta y caminando. No tengo que esconder lo que soy, lo que pasó mal”.

    Su dura infancia : “La delicuencia era lo más fácil, hago eso y no trabajo. Yo no hice un daño grande, pero cometí mis errores por necesidades de hambre o de tener unas zapatillas, no por otra cosa” .

    Dos años sin jugar : “Me acusaron de robar camisetas, televisiones y más cosas en Tiro Federal. Luego salió el juicio y salí inocente, era todo mentira. Si yo tenía una moto, cómo me iba a llevar todo eso … “

    La lesión y las ofertas :” Tenía ofertas lindas de clubes grandes, aunque Osasuna es grande. Es un equipo chico, pero la gente es inmensa. Había clubes más grandes que me querían, pero cuando me lesioné no me afectó haber tenido que perder esa oportunidad. Quiero volver más fuerte que nunca “.

    Su mujer y su hija :” Son las que me levantan cada día y me hacen olvidar los dolores de rodilla. Son los motores de mi vida “.

    Su sueño … jugar con su hermano :” Nunca dije que mi sueño era jugar con mi hermano ( Gastón Ávila ) en Boca, solo dije que me gustaría jugar con él. Ojalá Le llevo ocho años, aunque tengamos que jugar parado y más gordo. Mi sueño es jugar con mi hermano, es mi jugador favorito después de Riquelme. Justo volvió a jugar al fútbol después de lesionarse el mismo día que yo me lesioné con Osasuna … Mi sueño máximo es jugar con mi hermano, pero a quién no le gustaría jugar con Argentina. Sé que hay muchos mejores jugadores que yo, pero no es imposible “.

    La cicatriz del caballo : ” Tuve un accidente con un caballo en unas Navidades. Estaba con unos amigos y nos jugamos una caja de sidra en una carrera de caballos. Salí a la calle y no frenaba, me conocí dentro de un colectivo (autobús) … y todavía tengo la cicatriz en el frente. El caballo era bueno, pero lo envenenaron. Gané una cicatriz y también una caja de sidra “.

    Messi :” Yo a Maradona no tuve la oportunidad de verlo, pero a Messi me tocó mirarle el número. A quién no le gustaría jugar con Messi … o con Ramos. O tener de compañero a Mata oa Banega, para que te meta la pelota redonda “.

    Huesca :” La considero mi segunda casa. Es el amor de madre y Osasuna, el de novia “.

    Sólo Osasuna :” A mí representante le decía que no me dijese nad a si no tenía el papel para firmar. Le dije que me dejase la cabeza limpia para salvarme con Osasuna “.



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  • Jonna Méndez | Maestra del disfraz de la CIA revela secretos del camuflaje usado por espías de EE.UU. | Mundo | EEUU

    Es fácil suponer que esto de que un espía se disfraza o usa una máscara que le cambia la cara es algo que pasa solo en las películas de Hollywood, y que está muy lejos de cómo operan de verdad los servicios de inteligencia. Sin embargo, durante 25 años, la estadounidense Jonna Méndez se dedicó a eso, a disfrazar a los agentes secretos de Estados Unidos en la vida real. Como directora del Departamento de Disfraces de la CIA, la principal agencia de inteligencia de su país, empleó cámaras miniatura, máscaras, identidades falsas y todo tipo de trucos para obtener información de gobiernos extranjeros y de grupos terroristas.

    Revelan millonario pago secreto tras la muerte de Neil Armstrong

    ► Los mercados, el G-20 y la FED, por Oscar Corpancho

    ► Hallan herido en su celda a millonario Epstein, acusado de abusos sexuales a menores

    Ha escrito tres libros sobre sus misiones como espía junto a su esposo, Antonio Méndez, quien también trabajó para la CIA. Ahora, acaba de publicar ‘Las reglas de Moscú’. Allí relata sus experiencias mientras ambos trabajaban como espías en la antigua Unión Soviética.

    En esta entrevista con Moisés Naím, Méndez narra cómo arriesgó su vida para llevar a cabo exitosas misiones en la CIA gracias a sus técnicas de camuflaje, sus ingeniosas tácticas de evasión y sus disfraces.

    ¿Cómo se prepara uno para ser jefe de disfraces de una agencia de espionaje?

    Cuando me convertí en directora del Departamento de Disfraces ya había estado trabajando en la CIA durante muchos años y nunca pensé que terminaría allí. Nos comparaban con la División Q de James Bond y nos gustaba, pues hacíamos el mismo trabajo que ellos y quizás un poco más. Si un agente necesitaba intervenir algún objeto, o colocar una pequeña cámara dentro de una pluma Montblanc para fotografiar documentos, podíamos lograrlo. Los disfraces eran parte de ese apoyo técnico que ofrecíamos.

    ¿Cómo se disfraza a un espía? Denos ejemplos…

    El disfraz más básico incluía un bigote, gafas y una peluca. Esto siempre era un problema porque la mayoría de los oficiales eran hombres y no les gustaba usar peluca. Pero a medida que los materiales se hicieron más cómodos y las operaciones más peligrosas, se mostraban más abiertos a ponerse disfraces, pues proveían una especie de protección. Podían impedir que les dispararan.

    ¿Cuál de los elementos de un disfraz era el que usaban más seguido?

    Bueno, a los hombres no les gustaba el bigote. Muchos temían que se cayera en la sopa, lo cual era muy irritante. Ante ese temor y el rechazo de algunos por usar pelucas, uno se preguntaba, ¿cómo puedo hacer una carrera en esto si ellos no quieren disfrazarse? Entonces, lo que solíamos hacer era llevarlos a nuestros laboratorios para disfrazarlos y darles ajustes finales, y los enviábamos a nuestra cafetería.

    Era un gran salón donde almorzaban todos los miembros de la agencia. Su jefe, el jefe de su jefe y sus compañeros de oficina, todos estaban allí. Así descubrían que nadie se daba cuenta de que eran ellos. Podían sentarse justo al lado de una mesa llena de personas de su oficina y nadie los descubría. Luego regresaban eufóricos diciendo: “Oh Dios, así es el poder de esconderse a plena vista”.

    Antes de trabajar en el área de disfraces, hacía otras cosas en la CIA. Cuéntenos…

    Comencé como secretaria cuando vivía en el extranjero con mi esposo. Tiempo después regresamos a Washington y él empezó a estudiar en la Universidad George Washington. Es decir, yo trabajaba y él estudiaba. Cuando se graduó, yo ya era secretaria superior de esta oficina de mil personas, pero era muy aburrido.

    ¿Aburrida en la CIA?

    Sí. Podía ver el Castillo de la Institución Smithsonian desde mi oficina, porque quedaba justo atravesando la calle del Departamento de Estado. Un día le dije a mi jefe: ‘Creo que hay trabajo allá, voy a hablar con ellos’, y él dijo: ‘No hagas eso. Yo sé que tú eres una fotógrafa amateur, toma uno de nuestros cursos de fotografía’. Al día siguiente ya estaba en una pista de aterrizaje en algún lugar, subiendo a un avión, con un arnés y una cámara con un lente muy grande. Pasé el día volando en ese avión, tratando de descifrar torres de radar y matrículas de vehículos. Estuve toda la tarde revelando una película en el cuarto oscuro de la agencia con música sonando. Así que dije: ‘OK, me voy a quedar’. Y me quedé muchos años.

    Pasó 27 años siendo espía sin poder decir en qué trabajaba. ¿Cómo manejó eso con sus familiares y amigos?

    Lo que les contaba dependía del lugar en dónde estaba y de lo que creía que ellos ya sabían. Por muchos años tuve una mejor amiga que nunca lo supo, a pesar de que hablábamos a diario. Los vecinos de los lugares donde viví tampoco se enteraron. Les decía que estaba viviendo fuera del país, o que salía de viaje. Cuando estaba en el extranjero decía que trabajaba para el Departamento de Estado. Siempre fue fácil porque por lo general la gente no me presionaba mucho.

    El presidente George Bush padre la invitó a la Casa Blanca para que le explicara cómo disfrazaba espías. ¿Qué pasó en esa reunión?

    Fui a la Casa Blanca con Bill Webster, quien en ese entonces era el director de la CIA. Habíamos inventado una nueva máscara que se adaptaba a las expresiones de la persona. Es decir, podían hablar y reírse con naturalidad. Primero le mostré al presidente unas fotos en las que él salía disfrazado, cuando era el director de la CIA (1976-1977). Las máscaras en esa época solo se veían bien de lejos. Y le dije: ‘Este era el disfraz viejo. Yo llevo puesto el nuevo’. Él se levantó de la silla y dijo: ‘No, no, no’, y me examinó por todos lados. Luego me dijo: ‘OK, quítatela’. Me despegué la máscara y la sostuve en el aire para mostrarle.

    ¿Cuál fue la misión más peligrosa que le encomendaron?

    Cuando estaba visitando una base de operaciones de la CIA en el subcontinente indio, que incluye países como India y Pakistán. El jefe de esa base nos informó que se debía reunir con un terrorista peligroso, quien decía tener información sobre un plan para derribar un avión estadounidense. Pero no podía verlo a solas, así que disfracé a siete agentes y nos fuimos al lugar del encuentro para vigilar a nuestro jefe.

    En un momento levanté la mirada y allí estaba el terrorista, mirándome como si me hubiese descubierto. Iba acompañado de dos hombres armados con rifles de asalto AK-47 y pensé que iban a dispararme. Nunca debí haber hecho contacto visual… el terrorista acabó descubriendo a cinco de nosotros, pero la policía local lo arrestó al día siguiente y todos nos fuimos a casa ilesos.

    Denos otro ejemplo de una situación en la que realmente tuvo miedo…

    En Colombia viví una de las experiencias que más miedo me hizo sentir. Estaba en Bogotá por una asignación temporal. Cada mañana me recogían en el hotel en un carro blindado y dos carros con escoltas llenos de armas. Tenía cinco minutos para salir y subirme al carro o sino me dejaban. En una ocasión, iba caminando por la ciudad y vi la oportunidad de acortar camino entre dos edificios y llegar más rápido.

    No debí hacer eso porque cuando bajé por ese callejón había un grupo de hombres hablando en el medio de la calle. Entonces hice la única cosa que pude haber hecho, caminé entre ellos. Me excusé cuando me choqué con uno y seguí caminando. Ese grupo estaba claramente relacionado con el mundo de las drogas. Y no me preocupó que pensaran que era una agente de la CIA, sino que creyeran que era de la DEA. Si hubiera sido de la DEA, o ellos lo hubieran creído, me habrían disparado.

    Usted estuvo casada con un espía legendario en la CIA, Tony Méndez. ¿Qué lo hizo tan famoso?

    Tony Méndez tenía muchísimas historias de rescates y de ayudar a personas a cruzar fronteras. Tenía aventuras increíbles, que superan la realidad. Juntos escribimos un libro llamado Argo, que cuenta cómo Tony rescató a seis diplomáticos estadounidenses durante la revolución iraní de 1979, pues la embajada de Estados Unidos en Teherán había sido invadida por los iraníes. Lo escribimos casi en defensa propia porque sabíamos que estaban haciendo una película sobre eso y por lo general el cine no concuerda del todo con la realidad.

    ¿Y qué opina de la película?

    Quedamos muy complacidos. Inicialmente, los derechos para hacer la película habían sido comprados por George Clooney. Él quería protagonizar la película, escribirla y dirigirla. Iba a ser suya, pero luego se quedó estancado en otra grabación, y Ben Affleck adoptó el proyecto e hizo una película fabulosa. Estábamos muy contentos.

    ¿Su esposo fue el que organizó esa fuga?

    Tony era quien estaba en el cuartel general y a quien le encomendaron el caso. Le pidieron averiguar cómo sacarlos. Fue muy difícil, pues no había manera de salir por tierra ni por mar. La única salida era a través del aeropuerto comercial.

    Ahora están publicando un libro llamado ‘Las reglas de Moscú’, cuéntenos de qué se trata…

    El libro habla de cómo los agentes de la CIA operábamos en Moscú, la ciudad más peligrosa del mundo durante la Guerra Fría. La vigilancia por parte del Gobierno soviético era sofocante. Incluso dentro de la embajada estadounidense era difícil saber si nos estaban espiando o no. Así que necesitábamos normas por seguir, porque si cometíamos errores, los espías soviéticos nos detectaban y nos mataban. Esa era su regla de Moscú.

    ¿Cree que ahora los rusos son más fuertes como espías de lo que eran?

    Sí. Alrededor del mundo, la tecnología está alterando lo que solía ser el estándar en el campo del espionaje. Ya no podemos usar las mismas técnicas. Presentarse con una nueva cara o un disfraz no es suficiente, pues ahora se usan identificaciones digitales asociadas a un historial de vida. No se puede inventar una nueva identidad en el momento.

  • Los secretos que guarda la maestra del disfraz de la CIA – EEUU y Canadá – Internacional

    Es fácil suponer que esto de que un espía se disfraza o usa una máscara que le cambia la cara es algo que pasa solo en las películas de Hollywood, y que está muy lejos de cómo operan de verdad los servicios de inteligencia. Sin embargo, durante 25 años, la estadounidense Jonna Méndez se dedicó a eso, a disfrazar a los agentes secretos de Estados Unidos en la vida real. Como directora del Departamento de Disfraces de la CIA, la principal agencia de inteligencia de su país, empleó cámaras miniatura, máscaras, identidades falsas y todo tipo de trucos para obtener información de gobiernos extranjeros y de grupos terroristas.

    Ha escrito tres libros sobre sus misiones como espía junto a su esposo, Antonio Méndez, quien también trabajó para la CIA. Ahora, acaba de publicar ‘Las reglas de Moscú’. Allí relata sus experiencias mientras ambos trabajaban como espías en la antigua Unión Soviética.

    En esta entrevista con Moisés Naím, Méndez narra cómo arriesgó su vida para llevar a cabo exitosas misiones en la CIA gracias a sus técnicas de camuflaje, sus ingeniosas tácticas de evasión y sus disfraces.

    ¿Cómo se prepara uno para ser jefe de disfraces de una agencia de espionaje?

    Cuando me convertí en directora del Departamento de Disfraces ya había estado trabajando en la CIA durante muchos años y nunca pensé que terminaría allí. Nos comparaban con la División Q de James Bond y nos gustaba, pues hacíamos el mismo trabajo que ellos y quizás un poco más. Si un agente necesitaba intervenir algún objeto, o colocar una pequeña cámara dentro de una pluma Montblanc para fotografiar documentos, podíamos lograrlo. Los disfraces eran parte de ese apoyo técnico que ofrecíamos.

    ¿Cómo se disfraza a un espía? Denos ejemplos…

    El disfraz más básico incluía un bigote, gafas y una peluca. Esto siempre era un problema porque la mayoría de los oficiales eran hombres y no les gustaba usar peluca. Pero a medida que los materiales se hicieron más cómodos y las operaciones más peligrosas, se mostraban más abiertos a ponerse disfraces, pues proveían una especie de protección. Podían impedir que les dispararan.

    ¿Cuál de los elementos de un disfraz era el que usaban más seguido?

    Bueno, a los hombres no les gustaba el bigote. Muchos temían que se cayera en la sopa, lo cual era muy irritante. Ante ese temor y el rechazo de algunos por usar pelucas, uno se preguntaba, ¿cómo puedo hacer una carrera en esto si ellos no quieren disfrazarse? Entonces, lo que solíamos hacer era llevarlos a nuestros laboratorios para disfrazarlos y darles ajustes finales, y los enviábamos a nuestra cafetería.
    Era un gran salón donde almorzaban todos los miembros de la agencia. Su jefe, el jefe de su jefe y sus compañeros de oficina, todos estaban allí. Así descubrían que nadie se daba cuenta de que eran ellos. Podían sentarse justo al lado de una mesa llena de personas de su oficina y nadie los descubría. Luego regresaban eufóricos diciendo: “Oh Dios, así es el poder de esconderse a plena vista”.

    Antes de trabajar en el área de disfraces, hacía otras cosas en la CIA. Cuéntenos…

    Comencé como secretaria cuando vivía en el extranjero con mi esposo. Tiempo después regresamos a Washington y él empezó a estudiar en la Universidad George Washington. Es decir, yo trabajaba y él estudiaba. Cuando se graduó, yo ya era secretaria superior de esta oficina de mil personas, pero era muy aburrido.

    ¿Aburrida en la CIA?

    Sí. Podía ver el Castillo de la Institución Smithsonian desde mi oficina, porque quedaba justo atravesando la calle del Departamento de Estado. Un día le dije a mi jefe: ‘Creo que hay trabajo allá, voy a hablar con ellos’, y él dijo: ‘No hagas eso. Yo sé que tú eres una fotógrafa amateur, toma uno de nuestros cursos de fotografía’. Al día siguiente ya estaba en una pista de aterrizaje en algún lugar, subiendo a un avión, con un arnés y una cámara con un lente muy grande. Pasé el día volando en ese avión, tratando de descifrar torres de radar y matrículas de vehículos. Estuve toda la tarde revelando una película en el cuarto oscuro de la agencia con música sonando. Así que dije: ‘OK, me voy a quedar’. Y me quedé muchos años.

    Pasó 27 años siendo espía sin poder decir en qué trabajaba. ¿Cómo manejó eso con sus familiares y amigos?

    Lo que les contaba dependía del lugar en dónde estaba y de lo que creía que ellos ya sabían. Por muchos años tuve una mejor amiga que nunca lo supo, a pesar de que hablábamos a diario. Los vecinos de los lugares donde viví tampoco se enteraron. Les decía que estaba viviendo fuera del país, o que salía de viaje. Cuando estaba en el extranjero decía que trabajaba para el Departamento de Estado. Siempre fue fácil porque por lo general la gente no me presionaba mucho.

    Bueno, a los hombres no les gustaba el bigote. Muchos temían que se cayera en la sopa, lo cual era muy irritante

    El presidente George Bush padre la invitó a la Casa Blanca para que le explicara cómo disfrazaba espías. ¿Qué pasó en esa reunión?

    Fui a la Casa Blanca con Bill Webster, quien en ese entonces era el director de la CIA. Habíamos inventado una nueva máscara que se adaptaba a las expresiones de la persona. Es decir, podían hablar y reírse con naturalidad. Primero le mostré al presidente unas fotos en las que él salía disfrazado, cuando era el director de la CIA (1976-1977). Las máscaras en esa época solo se veían bien de lejos. Y le dije: ‘Este era el disfraz viejo. Yo llevo puesto el nuevo’. Él se levantó de la silla y dijo: ‘No, no, no’, y me examinó por todos lados. Luego me dijo: ‘OK, quítatela’. Me despegué la máscara y la sostuve en el aire para mostrarle.

    ¿Cuál fue la misión más peligrosa que le encomendaron?

    Cuando estaba visitando una base de operaciones de la CIA en el subcontinente indio, que incluye países como India y Pakistán. El jefe de esa base nos informó que se debía reunir con un terrorista peligroso, quien decía tener información sobre un plan para derribar un avión estadounidense. Pero no podía verlo a solas, así que disfracé a siete agentes y nos fuimos al lugar del encuentro para vigilar a nuestro jefe.

    En un momento levanté la mirada y allí estaba el terrorista, mirándome como si me hubiese descubierto. Iba acompañado de dos hombres armados con rifles de asalto AK-47 y pensé que iban a dispararme. Nunca debí haber hecho contacto visual… el terrorista acabó descubriendo a cinco de nosotros, pero la policía local lo arrestó al día siguiente y todos nos fuimos a casa ilesos.

    Denos otro ejemplo de una situación en la que realmente tuvo miedo…

    En Colombia viví una de las experiencias que más miedo me hizo sentir. Estaba en Bogotá por una asignación temporal. Cada mañana me recogían en el hotel en un carro blindado y dos carros con escoltas llenos de armas. Tenía cinco minutos para salir y subirme al carro o sino me dejaban. En una ocasión, iba caminando por la ciudad y vi la oportunidad de acortar camino entre dos edificios y llegar más rápido.

    No debí hacer eso porque cuando bajé por ese callejón había un grupo de hombres hablando en el medio de la calle. Entonces hice la única cosa que pude haber hecho, caminé entre ellos. Me excusé cuando me choqué con uno y seguí caminando. Ese grupo estaba claramente relacionado con el mundo de las drogas. Y no me preocupó que pensaran que era una agente de la CIA, sino que creyeran que era de la DEA. Si hubiera sido de la DEA, o ellos lo hubieran creído, me habrían disparado.

    Usted estuvo casada con un espía legendario en la CIA, Tony Méndez. ¿Qué lo hizo tan famoso?

    Tony Méndez tenía muchísimas historias de rescates y de ayudar a personas a cruzar fronteras. Tenía aventuras increíbles, que superan la realidad. Juntos escribimos un libro llamado Argo, que cuenta cómo Tony rescató a seis diplomáticos estadounidenses durante la revolución iraní de 1979, pues la embajada de Estados Unidos en Teherán había sido invadida por los iraníes. Lo escribimos casi en defensa propia porque sabíamos que estaban haciendo una película sobre eso y por lo general el cine no concuerda del todo con la realidad.

    Tony y Jonna Méndez

    Tony y Jonna Méndez, autores del libro ‘Argo’, durante la gala de los premios Óscar de 2013, en la cual la película homónima basada en su historia obtuvo dos galardones.

    ¿Y qué opina de la película?

    Quedamos muy complacidos. Inicialmente, los derechos para hacer la película habían sido comprados por George Clooney. Él quería protagonizar la película, escribirla y dirigirla. Iba a ser suya, pero luego se quedó estancado en otra grabación, y Ben Affleck adoptó el proyecto e hizo una película fabulosa. Estábamos muy contentos.

    ¿Su esposo fue el que organizó esa fuga?

    Tony era quien estaba en el cuartel general y a quien le encomendaron el caso. Le pidieron averiguar cómo sacarlos. Fue muy difícil, pues no había manera de salir por tierra ni por mar. La única salida era a través del aeropuerto comercial.

    Ahora están publicando un libro llamado ‘Las reglas de Moscú’, cuéntenos de qué se trata…

    El libro habla de cómo los agentes de la CIA operábamos en Moscú, la ciudad más peligrosa del mundo durante la Guerra Fría. La vigilancia por parte del Gobierno soviético era sofocante. Incluso dentro de la embajada estadounidense era difícil saber si nos estaban espiando o no. Así que necesitábamos normas por seguir, porque si cometíamos errores, los espías soviéticos nos detectaban y nos mataban. Esa era su regla de Moscú.

    ¿Cree que ahora los rusos son más fuertes como espías de lo que eran?

    Sí. Alrededor del mundo, la tecnología está alterando lo que solía ser el estándar en el campo del espionaje. Ya no podemos usar las mismas técnicas. Presentarse con una nueva cara o un disfraz no es suficiente, pues ahora se usan identificaciones digitales asociadas a un historial de vida. No se puede inventar una nueva identidad en el momento.

    MOÍSES NAÍM
    Especial para EL TIEMPODesde este jueves EL TIEMPO publicará las mejores entrevistas que Moisés Naím, uno de los intelectuales más influyentes de Hispanoamérica, hace desde Washington para su programa de televisión Efecto Naím.

  • Qué hace Apple con los trabajadores que filtran secretos de sus productos

    Cuando se acerca la fecha de una nueva Keynote de Apple sentimos que ya lo hemos visto todo y que no nos pueden sorprender con nada. Y no es porque se haya llegado a un punto en el que la innovación es imposible, sino que durante meses hemos sido «bombardeados» con filtraciones de los próximos productos de la manzana mordida.

    Ese hermetismo que hacía de Apple una compañía tan mágica ha ido desapareciendo con los años y, con él, cierta ilusión. El ejemplo más cercano lo tenemos con el iPhone 11 (u XI, o como los de Cupertino quieran nombrarlo), cuya supuesta placa base y el diseño con la triple cámara trasera ya lo conocemos meses antes del lanzamiento oficial del dispositivo.

    Los responsables de estas filtraciones suelen ser trabajadores de las plantas de montaje en China. Cuando ocurre, Apple investiga para saber quién ha sido el que ha publicado el vídeo/imagen/información, y en la gran mayoría de los casos lo consigue… aunque no suele haber un castigo.

    Por qué Apple decide no hacer «nada»

    Esquema iPhone 11 Supuesto esquema del iPhone 11

    Para los californianos una filtración es un asunto serio. Prueba de ello es que ha formado un equipo de ‘Seguridad de nuevos productos’ (NPS), una división interna cuya misión principal es detener estas cosas, y se ponen en acción cuando aparecen imágenes sobre un iPad o iPhone que todavía no se ha presentado.

    Lo más curioso es que, como comenta Cult of Mac, el culpable no es arrestado por espionaje industrial ya que raramente se avisa a la policía. Involucrar a las fuerzas del orden lo único que haría sería generar todavía más información al respecto, además de confirmar que la información es cierta. Si no se hace nada, todo podría quedar en un rumor.

    Además, Apple no puede despedir al filtrador porque trabaja para un tercero, es decir, para el proveedor y no para la propia compañía, por lo que no tiene ningún poder sobre él. Obviamente, se intenta hablar con el jefe o gerente para que tome cartas en el asunto.