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Desde la Asociación Trabajadores de la Sanidad alertaron por esta situación.
La tecnología ha comenzado a tener un rol protagónico en el mundo moderno. Sin embargo, los trabajadores de algunas áreas desconfían de los fines de su implementación. En ese sentido se expresó Javier Polok, integrante de la Asociación Trabajadores de la Sanidad, que aseguró que “quieren controlar y acosar a los trabajadores creyendo que así rinden más”.
“Se quiere implementar un GPS para los que trabajan en el sistema de sanidad, una reforma laboral que quieren instaurar”, explicó Polok en declaraciones con C5N. Al respecto, aseguró que es un ámbito difícil de implementar y mostró su preocupación por las consecuencias que podría traer esta situación en el ámbito laboral.
“En salud es imposible cronometrar cuánto tiempo un enfermero debe estar con un paciente”, manifestó. Luego, hizo principal referencia a lo que consideró como una herramienta que apunta específicamente a controlar a los empleados. “Es una fantasía del empresario presuponer que pueden detectar incumplimientos del trabajador”, agregó.
“Están viendo la utilización de la tecnología para controlar el trabajo de nuestros compañeros, detectar en tiempo real, a cada instante, cómo se mueven, dónde entran o salen. Parece una tobillera electrónica al estilo de los presos, lo tienen en agenda opero no avanzaron por el costo que tiene, es parte de la agenda de los empresarios”, explicó Polok.
Posteriormente, hizo referencia a que ya hubo otros intentos de aplicar los controles en base a la tecnología. “Vivimos situaciones similares con las cámaras de seguridad que enfocaban en la nuca de los trabajadores, ahora enfrentamos esta situación. el Gobierno pinta la reforma laboral como modernización pero los empresarios quieren controlar y acosar a los trabajadores creyendo que así rinden más”, sostuvo.
A través de esta manera, llamó a “explicar que la tecnología la quieren usar para controlar a los empleados como esclavos”. Luego, aseguró: “Desde fines del año pasado intentaron instalarlas en dos o tres clínicas y el accionar del sindicato lo impidió”.
Finalmente, concluyó: “Creemos que la tecnología está pensada para
controlar, hay sanatorios que aplican la historia clínica online, el enfermero
carga todos los signos vitales ahí, no nos molesta la tecnología, pero si la
quieren para controlar a los empleados estamos en un camino difícil”.
Cuando se acerca la fecha de una nueva Keynote de Apple sentimos que ya lo hemos visto todo y que no nos pueden sorprender con nada. Y no es porque se haya llegado a un punto en el que la innovación es imposible, sino que durante meses hemos sido «bombardeados» con filtraciones de los próximos productos de la manzana mordida.
Ese hermetismo que hacía de Apple una compañía tan mágica ha ido desapareciendo con los años y, con él, cierta ilusión. El ejemplo más cercano lo tenemos con el iPhone 11 (u XI, o como los de Cupertino quieran nombrarlo), cuya supuesta placa base y el diseño con la triple cámara trasera ya lo conocemos meses antes del lanzamiento oficial del dispositivo.
Los responsables de estas filtraciones suelen ser trabajadores de las plantas de montaje en China. Cuando ocurre, Apple investiga para saber quién ha sido el que ha publicado el vídeo/imagen/información, y en la gran mayoría de los casos lo consigue… aunque no suele haber un castigo.
Para los californianos una filtración es un asunto serio. Prueba de ello es que ha formado un equipo de ‘Seguridad de nuevos productos’ (NPS), una división interna cuya misión principal es detener estas cosas, y se ponen en acción cuando aparecen imágenes sobre un iPad o iPhone que todavía no se ha presentado.
Lo más curioso es que, como comenta Cult of Mac, el culpable no es arrestado por espionaje industrial ya que raramente se avisa a la policía. Involucrar a las fuerzas del orden lo único que haría sería generar todavía más información al respecto, además de confirmar que la información es cierta. Si no se hace nada, todo podría quedar en un rumor.
Además, Apple no puede despedir al filtrador porque trabaja para un tercero, es decir, para el proveedor y no para la propia compañía, por lo que no tiene ningún poder sobre él. Obviamente, se intenta hablar con el jefe o gerente para que tome cartas en el asunto.
Supuesto esquema del iPhone 11