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Su cuerpo ha dicho basta, ya lo sabía hace tiempo. Aritz Aduriz ha tratado de retrasarlo lo máximo posible, ganando tiempo a la naturaleza, por mucho que su golazo de chilena al Barça augurase una campaña normal en su dilatada carrera. Pero la realidad es tozuda. La edad no perdona en las cicatrices de un cuerpo baqueteado. Su juego siempre se ha basado en conjugar la escucha en el área, con el virtuoso juego de cabeza y el mantenimiento de su forma física al límite para ganar esa centésima de segundo al central de turno. Últimamente lucía de manera altruista en sus botas la marca de una empresa vizcaína (Sherpa) que desarrolla proyectos de inteligencia artificial y que ha combatido contra el coronavirus. Aduriz siempre demostró que la suya era natural.
Y eso que el delantero donostiarra tuvo que buscar las habichuelas en el Burgos porque no terminaban de apostar por sus prestaciones en Lezama. Las apuestas eran Llorente y Azkorra con Aduriz sembrando algunas dudas, porque a veces era alocado en sus acciones del filial, era muy visceral y entendía que le faltaba algo de calidad técnica. Una base de goles y de sacrificio descolló en Segunda B en El Plantío, y después en el Real Valladolid en Segunda para regresar ya por la puerta principal en una segunda etapa al Athletic. Todavía aguantó otra tercera salida no forzada para tapar agujeros económicos en Ibaigane mediante un traspaso a Mallorca, transitar por el Valencia porque la isla se le quedaba pequeña, para cerrar el círculo y no volver a moverse de San Mamés.
Un Aduriz que es un tipo especial, distinto de la globalidad de los profesionales del fútbol. Siempre que ha alcanzado, herencia familiar de los padres muy ligados al deporte, ha alterado el balón con otras disciplinas como la montaña y el esquí de fondo, donde también llegó a proclamar el subcampeón de España en Cadetes. También le pegaba al tenis y al golf, donde puede presumir de unas cualidades innatas para esta especialidad. De ahí su amistad con Jon Rahm y su incursión este verano venciendo en la II edición del Trofeo Leyendas, un torneo de golf concebido para futbolistas. Un portento físico y mental, muy competitivo, con carácter, que le llegó a aguantar a un excelente nivel de pulverización de registros de la edad media de los futbolistas, marcando más goles a partir de los 30 años que antes de rebasar esta barrera psicológica, fruto de una combinación entre proyección tardía y genes de lujo. Amigo de sus amigos, reservado, no le gusta mucho ni la fama, ni las portadas ni las entrevistas con la prensa, aunque las hace con corrección por pura educación. Sigue con su relación estrecha con algunos de sus antiguos compañeros de Antiguoko, donde no cesan de brotar futbolistas con talento, de donde también salieron Iraola y Murillo además de ser muy amigo de Gurpegi .
Su legado en el Athletic se cercena con una vez temporadas en esas tres etapas diferentes, con 394 partidos y 172 goles [ConlostrescompartiómuchasvivenciasenlaadolescenciaenLezamayenetapasposteriorescon la famosa Supercopa 2015-16, en cuya final anotó cuatro goles ante el Barça, y con esta Copa del Rey ante la Real Sociedad que siempre quedará pendiente en su casillero, a la que ha contribuido y por la que no podrá defensor en La Cartuja. Caprichos del destino, porque un principio de temporada y anunciado que el 30 de junio colgaba las botas. Pero las molestias de la cadera, que no han cesado de darle la bienvenida a la guerra, y la pandemia, han terminado por erosionar su prodigioso andamiaje.

LaLiga Santander
* Datos actualizados a la fecha 20 de mayo de 2020
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