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N O sé si les pasa a ustedes, pero cualquier aficionado tiene en su cabeza cómo celebró el gol de su vida . Usted no lo metió, por lo general, pero sí recuerda lo que emociona en ese momento, la emoción desbordada que le lleva a gritar hasta la afonía, una pérdida por varios segundos la razón en aras de un sentimiento tan hermoso como inexplicable, una bendita enajenación . Es un enamoramiento súbito de 10 segundos en los que el mundo podría desaparecer, claro que sí, mientras tú estás allí, desmedido y exagerado, con la lágrima en el ojillo y las cuerdas vocales a punto de estalar, viendo el balón en la red. La celebración del gol de tu vida podría recordar antes de morir …
Muchos de ustedes han jugado al fútbol cuando eran niños y también lo hacen ahora. Algunos privilegiados viven de esto. Yo recuerdo goles que conocí en el patio de mi colegio como si hubiera marcado hace dos minutos. Principalmente uno en un partido entre sexto A y sexto B. Y podría contar la jugada, pero no viene al caso. Da igual. Recuerdo el toque del balón, la vaselina por encima del portero, que era mi mejor amigo, la alegría de la pelota se dirigiendo donde yo quería (todo un logro) ya mis compañeros corriendo para abrazarme mientras empezaba un sonar una sirena que ponía fin al recreo. Eso pasa en los colegios cada día. Pasaba Era maravilloso sentirse Maradona o Messi por un segundo antes de volver a clase.
Acaba de volver la Bundesliga. Y fue bonito volver a ver fútbol en Alemania o en Júpiter . El maldito coronavirus ha convertido al nuevo fútbol, la nueva vida perdón, en algo que se convirtió en ese deporte, pero que no es lo mismo. Se acabó, de momento, la fiebre en las gradas, que diría Hornby, y los goles, lo más hermoso, no se pueden festejar como antes. Era extraño ver a Haaland (Dortmund) en una esquina y sus compañeros guardando la llamada distancia social, conteniéndose. Es lo que toca, por supuesto, y en medio de este drama mundial, es un esfuerzo simple, un sacrificio llevadero. Pero cabría pensar si en los ángulos se va a guardar esa distancia, parece que no, si ya no habrá barreras en las faltas (19459011), si el contacto se evitará (vimos que tampoco) y por qué nos hemos encontrado con este fútbol de abrazos rotos.
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