
A lo largo del año existen dos puntos fundamentales en los que es crucial revisar el coche, incluso tomar unas medidas especiales de cara a disfrutar de la mayor seguridad posible al volante: el inicio de un viaje largo en verano y el invierno.
En este caso, tanto la revisión anual o de los 10.000 km, así como la ITV se deja un poco de lado debido a que su propia naturaleza a la hora de seguir una serie de pautas para que puedas estar protegido y seguro en el automóvil.
De cara al verano, conviene haber pasado la revisión anual, haber inflado adecuadamente los neumáticos y revisado tanto el aceite como los niveles de una manera certera.
Ahora bien, en invierno el lienzo cambia radicalmente, y eso implica que se deba poner el foco de atención en muchos más detalles, además de estar especialmente más precavido ante cualquier situación adversa, como puede ser una lluvia muy fuerte, o quedarse atrapado en una nevada.
Suceso que puede darse hasta en una autovía a la entrada de una gran ciudad, como ha ocurrido en Madrid, o algún incidente con funesto desenlace en la montaña.
Es por ello que, además de seguir unas pautas seguras, es indispensable contar con otros añadidos: disponer siempre de agua y comida, e incluir un cargador de coche en la guantera.
También es recomendable tener a mano una manta, o varias, para combatir el frío de la noche. A esto se le añade la incumbencia de guardar algún trapo de tela o paño de un color llamativo para que los equipos de rescate puedan distinguir el automóvil en caso de que sea necesario.
Además de estas precauciones es conveniente que ante una previsión de mal tiempo nunca se viaje con menos de medio depósito de gasolina en trayectos largos.
Asimismo, adaptar la manera de conducir al propio tiempo, dejando las luces encendidas también durante el día o incrementando la distancia de seguridad, especialmente cuando llueve dado que aumenta el tiempo de frenada en un asfalto ya frío de por sí, significará la diferencia entre salir ileso o no de un percance.
Más allá de estos consejos de cara a un viaje largo, tanto por motivo de negocios o por algún compromiso familiar, las siguientes consideraciones sí que son imperiosas, por lo que seguirlas a rajatabla durante los meses de invierno, incluso antes de que comience el propio frío, puede marcar la diferencia en la carretera.
Neumáticos de invierno o revisión de los existentes
Se trata del único elemento que une el automóvil con el asfalto, por lo que soportan la mayor parte de la responsabilidad de mantenerte a salvo. La lluvia es uno de los peores enemigos para ellos, junto al hielo, y por ende las bajas temperaturas.
Más allá de que parezca un mito que solo se aplica a la Fórmula 1, lo cierto es que la propia física del caucho de los neumáticos convencionales le hace perder adherencia a bajas temperaturas. Es por ello que en países nórdicos los neumáticos de invierno son mucho más habituales de ver que las cadenas.
Y es que son los más efectivos por debajo de los 10 grados centígrados, ya que por encima de esa temperatura se degradan muy rápido. Se pueden distinguir por las siglas M+S inscritas en ellos.
En caso de no reemplazarlos por los de invierno, el mantenimiento de los neumáticos, controlar la presión y mantener a raya tanto el dibujo de las gomas (siempre superior a 3mm) como las posibles grietas es esencial para la seguridad vial del propio conductor como del resto que se crucen en su camino.
No en vano, la Ley pena con multas de hasta 100 euros el montar neumáticos desgastados.
¿Cómo revisar una rueda?
En primer lugar es necesario distinguir qué es una rueda, y qué es un neumático. La rueda es todo el conjunto de llanta y neumático, mientras que este último es la goma con la que un coche rueda sobre el asfalto.
De cara a revisarla, lo primeo es fijarse en el embellecedor, que esté bien sujeto y sin posibilidad de rajar el neumático. Tras ello, es momento de revisar la goma: los surcos deben sobrepasar los 1,6 milímetros de profundidad, y la presión de cada neumático debe estar acorde a lo indicado en el chasis por el fabricante.
Basta con ver la tabla dispuesta en una de las puertas y comprobar en una gasolinera que la presión se ajusta a los baremos, generalmente sobre los 2,0 bares.
En caso de desgaste, se deben sustituir de dos en dos, siempre coincidiendo los del mismo eje (delantero y trasero), nunca solo de un lado del coche. El cambio puede rondar sobre los 60-90 euros por unidad, por lo general.
Esto depende de la marca que montes, desde los más baratos, hasta los más caros y resistentes, como los Michelin. Eso sí, fíjate en la fecha de estos antes de salir del taller y en que no tengan signos de desgaste.
Asimismo, recuerda que un neumático pasado el cuarto año de vida comienza a endurecerse aunque se use poco. Esto quiere decir que sufre una especie de cristalización que provoca que deje de agarrar y en consecuencia tenga un efecto parecido al de patinar sobre el agua.
En cuanto al aquaplanning, independientemente de montar un neumático nuevo, de invierno o viejo, lo más prudente es reducir la velocidad siempre que no sea posible evitar la acumulación de agua.

Deja una respuesta