No es muy grande.

Apenas un cuarto rectangular pintado de rojo con tres agujeros en la barriga.

El primero donde antes hubo una ventana. [19659006] El segundo donde antes hubo una puerta.

Y el tercero donde antes hubo otra ventana.

Ahora solo hay agujeros.

Como si el cuarto hubo sido reventado por un misil, un tornado, qué sé yo.

Allí, en esos cascotes vive una pareja, una familia: Luis Javier Hernández, Yoana Ceballos Zárate y sus dos hijos, Mario y Aranza.

Tres meses hace que llegaron a vivir ahí, si a esto se puede llamar vivir, acá, a esta ruina de cuarto que está en los márgenes del bulevar Fundadores, a la intemperie de un campo alfombrado de maleza, al costado de la Ciclovía, junto a un greñudo pirul, cerquita de un puente peatonal, a la altura de la colonia San José de los Cerritos.

Antes Luis, 24 años, Yoana, 28, y sus 2 nenes, Mario de 10 y Aranza de tres, vivían en el barrio de la Ciudadela, en La Aurora, de renta.

Desde que estamos aquí nomás se asoman, pero no se meten ”.
Yoana.

LO QUE DEJÓ ATRÁS

Era una casa con sus cuartos y tenía un patio grande donde jugaban los chicos.

Había allí un poco de muebles, ropa, comida, lo indispensable para vivir.

Hasta que un día despidieron a Luis de su trabajo. Luis trabajaba como guardia de seguridad para una compañía de guardias de seguridad, y se quedó sin trabajo.

Entonces ya no pudo pagar el alquiler de la casa donde habitaba, se acabó la plata y la comida…

El rentero le dio 15 días para salirse.

Luis, Yoana, Mario y Aranza, caminaron y caminaron y caminaron por la ciudad, como judíos errantes, buscando dónde meterse.

“Son muy caras las rentas aquí”, dice Luis. [19659006] Una mañana, faltando una semana para que los desalojaran, dieron con estas abandonadas ruinas de cuarto a la vera del bulevar que a todas horas es un infierno de carros. Empezaron a preguntar a los vecinos de acá si conocían al dueño.

Y no, nada.

Que se metieran ahí, les dijeron, que no había problema.

Y ellos, que no tenían dónde vivir ni dinero para rentar una casa, se metieron.




En el trabajo que tuvo Luis en su natal Veracruz, ganaba más o menos, pero sin Seguro, y lo que le interesaba era el Seguro, pa cuando se le enfermera la nenita.

Y en el único empleo que encontró en Veracruz donde sí tenía Seguro le pegaban 900 pesos a la semana.

900 pesos para renta, pañales, leche, no daba el sueldo.

La mayoría de los familiares de la pareja vivía, vive, en el gabacho.

En Veracruz había poco trabajo y mal pagado y Luis deseoso de correr aventuras decidió arrojarse a la aventura con su familia.

Y aquí está.

Sabemos que no es de nosotros y si el dueño llega con papeles y todo no tenemos por qué oponernos ”.
Luis.

EL HALLAZGO DE LA HISTORIA

En los últimos dos meses pasé tantas veces por aquel cuarto, buscando asuntos, y no me di cuenta de la realidad que habitaba en las entrañas de aquellas ruinas pintadas de rojo.

Andaba yo buscando asuntos.

Y cuando conocí a Luis ya Yoana recordé al catedrático del periodismo narrativo latinoamericano, Martín Caparrós, para quien el máximo sueño era ser corresponsal de guerra, después se percató que no era necesario ir a Oriente Medio, cuando en cada esquina del planeta se libra una batalla.

Como la guerra de Luis y Yoana… por la sobrevivencia.

Con los días Luis encontró un trabajo en un Oxxo, por un salario de mil 600 pesos quincenales y Seguro.

Pero que tenía que ir de noche, le dijeron los jefes.

Y él que no, que no podía dejar a su mujer sola con los críos en aquel infame cuarto sin puertas, sin ventanas, sin nada,

De primero le dieron bola.

Al rato le dijeron que no, que tenía que ir de noche, como todos los empleados, y si no se buscaba otra chamba.





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