El bigote de Poirot en Muerte en el Nilo es más importante de lo que piensas

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La imagen de Poirot sin bigote es evocadora, porque su rostro aún es nítido. Si bien es menos guapo tradicionalmente (no es que su bigote fuera particularmente tradicional), las cicatrices en su rostro aún significan que cualquiera que vea a Poirot lo reconocerá instantáneamente. Poirot, por su parte, valora la simetría dentro de la forma humana (nótese cómo les pide a los hombres que alisen sus corbatas desiguales, y cómo su propio cabello suele ir con raya al medio). Sus cicatrices destrozan por completo ese deseo, dibujando líneas de caos en su labio superior y alrededor de su boca.

Eventualmente, Poirot tendrá que descubrir que no se trata de mantener su rostro perfecto, sino de buscar justicia y hablar por las víctimas que han sido silenciadas por los malhechores. La destreza investigativa de Poirot ha avivado su ego durante mucho tiempo, pero sin su ego, puede convertirse en un detective aún mejor. Poirot no salvó a su oficial al mando en la guerra, pero lo intentó, y sus cicatrices son un recordatorio de ese esfuerzo.

Hay una cita relevante de Elbert Hubbard: «Dios no te buscará medallas, diplomas o títulos, sino cicatrices». La vida no se trata de avanzar hacia victorias fáciles y salir ileso. Se trata de sufrir la derrota y encontrar la manera de salir adelante, aún sin certeza del éxito. Ahí es donde radica la verdadera victoria, y donde probablemente irá la historia de Poirot… Si Kenneth Branagh tiene la oportunidad de hacer una tercera película de Poirot.

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