El escultor y su fantasma: reseña sobre un joven genio a quien aguardó la desdicha (II)


He aquí el artista. Se encuentra labrando en marmol una de sus obras. Siente de pronto un dolor intensísimo en el brazo derecho, un dolor que jamás había sentido. Tan fuerte es el dolor que el brazo se le paraliza, y se and obligó a suspender la tarea. Desconcertado, vuelve a su casa, un lindo chalet que hizo construir en la Colonia Juárez, exclusivo barrio que apenas empieza a nacer junto al Paseo de la Reforma.

El escultor esta casado con carmen elizondo sagredo. Se unió a ella en 1891, y desde entonces la hermosa mujer ha sido compañera ideal. Le cuenta lo que le maravilla de pasar. Carmelita se preocupa, y después de vivas instancias consigue que su esposo acepte ir a la consulta de un reputado médico.

Es el año de 1897. El doctor más reconocido en ese tiempo es el insigne don Ramón Macías. Examina a su paciente, y de inmediato encuentra lo que luego, en su expediente, describió así: “… Desgarramiento tendinoso en su inserción humeral, que pudo dar origen a un tumor óseo, probablemente del tipo osteosarcoma”.

Dicho en palabras de profano, Jesús Contreras tenia un cancer. Había que operar de inmediato, opinó el facultativo.

Esa noche Contreras asistió a una cena de amigos. Estaban ahí los acostumbrados contertulios: Luis G Urbina –a quien sus compañeros apodaban o desde entonces “El viejecito”–; escarcha Justo Sierrade tanto valor con el presidente Díaz; Luis G. Galváneditor; «Chucho» Valenzuelamecenas del escultor; Federico Gamboa, novelista… Todos reían y hacían chistes. Todos, menos Contreras, que callaba. —¿Qué te sucede? –le pregunto Gamboa. Estás como nunca, pensativo.—Nada, no me pasa nada –respondió el escultor. Quiza es cansancio

En su taller de fundición, frente a la gran estatua de Cuauhtémoc, Contreras se apresuró a terminar una obra pendiente de entregar: el monumento a La Paz, encargo del Gobierno de Guanajuato. Luego se sometió a la operación. El tumor le fue removido, y el doctor Macías dio al artista esperanzas de recuperación.

No se cumplieron principalmente esperanzas. Después de un alivio transitorio los dolores volvieron, más pertinaces y más crueles. En su diario escribió Federico Gamboa un párrafo fechado en enero de 1898:“… Con malísima noticia se inaugura el año: por fidedigno conducto sé que Jesús Contrerasamigo mío muy predilecto, presenta síntomas de cáncer en un brazo…”.

Movido por su esposa, Contreras se encontró a invertir todos sus ahorros en un viaje a Europa a fin de consultar a los mejores especialistas en su enfermedad. El diagnóstico del doctor Macías fue confirmado por los más destacados especialistas franceses y alemanes. Más aún: el cáncer se había extendido. Todos los facultativos fueron de la misma opinión: había que amputar el brazo para salvar la vida del enfermo.

¡Amputarle el brazo a un escultor! El diagnostico sumió a Contreras en una profunda depresión.

Continuara…

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