Algunas personas rieron. Otras lloraron. La mayoría permaneció en silencio. Una bola de luz cegadora lo envolvió todo. Pese a estar en un búnker a docenas de kilómetros de la explosión, todos los presentes sintieron una ola de calor, como cuando abres un horno. Hace 75 años explotó la primera bomba atómica.

Mientras observaba la explosión, a uno de los padres de este nueva arma de aniquilación masiva, el físico J.R. Oppenheimer, le vino a la memoria uno de los párrafos del Bhagavad Gita, un texto sagrado hindú: Para impresionar al Príncipe, el dios Vishnú adoptó su forma divina y exclamó: “Me he convertido en la Muerte, el Destructor de Mundos“. Oppenheimer no podía haberse descrito mejor.

La Prueba Trinidad había sido completada con éxito. Tal como nos recuerda New Atlas, Estados Unidos acababa de explotar la primera bomba atómica. Era una bomba de plutonio de 22 Kilotones llamada The Gadget, que puedes ver en la foto de apertura. Su explosión, el 16 de julio de 1945, provocó una nube de fuego de más de 10 kilómetros de alto y convirtió el suelo del desierto en cristal, creando un nuevo mineral bautizado con el nombre de trinitita. En este vídeo puedes ver la histórica explosión:


Todo empezó tres años antes con el Proyecto Manhattan, la iniciativa de Estados Unidos, Reino Unido y Canadá para fabricar bombas atómicas. Los mejores científicos de los Aliados desarrollaron dos tipos de bombas atómicas: de uranio y de plutonio.

Era un proyecto en el que se partía de cero, porque nadie había investigado la energía atómica. Ni siquiera tenían los materiales: todo el plutonio (un metal radioactivo artificial) que existía en el mundo cabía en la cabeza de un alfiler.

La bomba de uranio tenía un mecanismo de activación sencillo: bastaba con hacer chocar el uranio entre sí para provocar la reacción en cadena, así que no hacía falta probarla. Fue la que se lanzó en Hiroshima.


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La bomba de plutonio era mucho más complicada. Los tubos del metal radioactivo estaban rodeados de explosivos con una gran cantidad de detonadores. Había que probarla antes de usarla contra los japoneses en Nagasaki, así que el 16 de julio de 1945 la Prueba Trinity (Trinidad) se llevó a cabo en el desierto Jornada del Muerto, en Nuevo Mexico.

Los científicos que la habían desarrollado no tenían ni idea del poder destructor que tenía, hasta el punto de que apostaron entre ellos para ver quién se acercaba más. Edward Teller creía que equivalía a 45.000 toneladas de explosivos TNT. Oppenheimer, unas 3.000 toneladas. Enrico Fermi apostó que arrasaría todo Nuevo Mexico. Finalmente la explosión alcanzó las 22.000 toneladas de TNT, bastante más de lo previsto.

Esta primera bomba de plutonio funcionó como estaba previsto. Apenas 20 días después, el 9 de agosto de 1945, una bomba de plutonio muy similar fue lanzada sobre Nagasaki. Tres días antes había caído la bomba de uranio en Hiroshima.

En total murieron entre 129.000 y 246.000 personas, la mayoría de ellas civiles. Japón anunció su rendición, lo que supuso el fin de la Segunda Guerra Mundial.

El debate sobre si se trató de un acto de extrema crueldad, o un mal necesario para evitar aún más muertes por la guerra, posiblemente nunca será resuelto.

Esperemos que, al menos, la dura lección no sea olvidada por las generaciones actuales y futuras.

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