La excepción yucateca » Eje Central

Yucatán siempre ha parecido una excepción respecto del resto de México. Desde el peculiar acento hasta la gastronomía; desde la pasión por el beisbol hasta una tranquilidad que contrasta con su vecino, Quintana Roo, los yucatecos siempre parecen ir por otro carril.

Esta vez no es la excepción, y la bomba yucateca estalló, pero no piensen mal. El góber panista, Mauricio Vila, está dejando nuevamente a todos con la boca abierta, pero ahora es por la problemática de seguridad y su abordaje desde el gobierno estatal, que está rompiendo los cánones tradicionales de diseño de políticas públicas en el país.

Pues déjenme contarles que Vila sorprendiendo a propios y extraños, por decir lo menos, solicitó al Congreso estatal la autorización para adquirir un millonario préstamo para “anticiparse” a los desafíos del futuro invirtiendo en tecnología antidelincuencia para “blindar” al estado por “cielo, mar y tierra”, con arcos carreteros, aviones de vuelo sigiloso, drones, embarcaciones de velocidad, centros de monitoreo, capacitación de policías y más. ¡Quiúboles!

Obvio, la pregunta que salta de inmediato es: ¿Cómo es posible que el gobernador mejor evaluado en el estado más seguro del país decida endeudarse para invertir en seguridad? Desde luego, no se trata de un asunto especialmente rentable en materia electoral, pues no hace falta ser clarividente para saber que cualquier incidente delictivo futuro, por más inevitable que sea, golpeará la popularidad de Vila y su promesa de seguridad.

El plan, claro está, no ha estado libre de críticas. Algunas voces entre los columnistas y analistas locales han ocupado sus espacios para señalar, razonablemente, que existen otras necesidades más urgentes que la seguridad, al menos allá en el sureste. Esto es cierto, especialmente en salud, cuyo símbolo yucateco es la triste historia de una cámara hiperbárica donada en su momento por el empresariado y que, en más de 10 años, los gobiernos estatales no han logrado hacer funcionar un solo día.

Sin embargo, lo más interesante y excepcional en el contexto de todo el país, es el sugerente razonamiento tras la decisión del gobierno yucateco de invertir en seguridad: señalan, en off, que en la medida que el país parece sumirse en la improvisación económica y la criminalidad creciente, garantizar la seguridad en Yucatán puede ser un factor clave para reconducir hacia el estado las inversiones que se alejen de otras zonas de México. Así, esta inversión en tecnología de seguridad podría tener un efecto multiplicador en inversiones y puestos de empleo que migren desde el centro o el norte de la unión.

Así, no sorprende que la propuesta de anticiparse al futuro en seguridad haya conseguido un apoyo prácticamente unánime en el Congreso local, donde sólo tuvo en contra el voto de una diputada de Morena, mientras los otros tres diputados del partido del presidente Andrés Manuel López Obrador respaldaron el plan de Vila. ¡Ahí, nomás!

Llama la atención este modo de pensar el futuro, más cuando el país parece seducido por la inmediatez y la improvisación. Pero esta manera yucateca de pensar las políticas públicas contrasta tanto con la llamada Cuarta Transformación, como también con los tonos y maneras que hasta ahora han desplegado los correligionarios panistas del propio Mauricio Vila en la oposición nacional. Tal vez les convenga mirar a Yucatán por un minuto e imaginar que ser oposición que no se limita a rasgar vestiduras clamando al cielo que el Presidente es la reencarnación de Hugo Chávez, Hitler y la serpiente del paraíso, sino a mostrar en los hechos que el hambre de cambios puede ser saciada haciendo las cosas de un modo distinto. ¡Bomba! 

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