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Las 8 misiones espaciales más caras de la historia | Life

El telescopio Hubble, una mirada a los confines del universo

La astronomía cuenta con numerosas herramientas en la Tierra que permiten estudiar el espacio entorno a nuestro planeta, y también explorar los límites del universo conocido. Los telescopios y radiotelescopios cada vez son más potentes, y permiten realizar observaciones extremadamente detalladas. 

Pero la atmósfera, la contaminación de diversos tipos, y otra serie de factores afectan enormemente a la calidad de imagen y señal que podemos obtener desde la superficie de la Tierra. Esta distorsión es imposible de evitar si observamos el espacio desde la superficie de la Tierra.

Por esta razón, los telescopios espaciales son una herramienta esencial para la astronomía. Y uno de los más conocidos es sin duda el telescopio Hubble, que este año celebra su treinta aniversario en funcionamiento. 

Desde su lanzamiento, el Hubble le ha costado a la NASA en torno a 10.000 millones de dólares. Actualmente sigue operativo (aunque cada vez requiere más mantenimiento), y salvo que sufra algún error catastrófico, seguirá trabajando como mínimo hasta junio de 2021.

Estrictamente hablando, podría seguir funcionando hasta pasado el año 2030. Pero todos los años en el espacio le han pasado factura, y algunos de sus sensores carecen de precisión o han dejado de funcionar. Por esa razón, varias agencias espaciales están construyendo telescopios que le darán el relevo en no demasiado tiempo.

James Webb, el principal sucesor de Hubble

Espejo del telescopio espacial James Webb.

Precisamente, otra de las misiones espaciales más caras de la historia es el futuro relevo del telescopio Hubble. Mantener el Hubble cada vez es más caro y más complejo, y la mejor solución ha resultado ser construir un nuevo telescopio más potente. 

Por ello, la NASA, la ESA y la Agencia Espacial Canadiense se han unido en la creación del Telescopio Espacial James Webb. Aún no está terminado, y ha sufrido numerosos retrasos, pero el coste estimado final está estimado en 9.600 millones de dólares. 

Además, la NASA recientemente jubiló otro de sus mejores telescopios espaciales, el Spitzer, y el James Webb tendrá que cubrir también las tareas que este llevaba a cabo. Pero estrictamente hablando, el James Webb no es solo un sustituto

Lógicamente, al ser un telescopio más moderno que el Hubble y el Spitzer, sus instrumentos de observación serán mucho más potentes que los de los telescopios antiguos. Y sus primeras observaciones se centrarán en los confines del universo, por lo que probablemente recibamos imágenes y datos auténticamente increíbles gracias a él. 


Tras diecisiete años enviando datos del espacio a la Tierra, el día 30 de enero la NASA finalizó todas las operaciones de Spitzer , un telescopio de infrarrojos clave en la investigación de exoplanetas y de rincones muy remotos del universo.

El James Webb es además un telescopio de infrarrojos (al contrario que el Hubble, que era un telescopio óptico). La observación astronómica por infrarrojos es muy sensible, y se ve tremendamente afectada por cualquier fuente de radiación infrarroja. 

Esta radiación proviene literalmente de  cualquier fuente de calor: desde el Sol o la superficie de la Tierra hasta el cuerpo humano. Por lo que el mejor lugar para las observaciones astronómicas con infrarrojos es el espacio, donde al menos el telescopio podrá alejarse de algunas de las fuentes de calor. 


La NASA ha mostrado el telescopio más potente del mundo, una herramienta que permitirá explorar el espacio profundo de una manera imposible hasta la fecha. Se trata del James Webb, un telescopio que reemplazará al Hubble.

Si no sufre todavía más retrasos, el Telescopio James Webb será enviado al espacio a finales de marzo del 2021. Pocos días después, alcanzará su órbita objetivo y empezará a realizar las primeras observaciones del universo

Galileo, el GPS de la ESA

El sistema GPS lleva muchos años funcionando eficientemente, pero eso no implica que no sea mejorable ni tenga limitaciones. Con eso en mente, hace unos años la ESA desarrolló el Programa Galileo, una constelación de satélites de geolocalización.

Pese a estar bajo control europeo, funciona a nivel global, igual que el sistema GPS. Y de hecho, su señal es compatible con la señal GPS, por lo que cada vez que usamos sistemas y apps de geolocalización estamos usando también los servicios de Galileo. 

El sistema Galileo lleva funcionando desde el año 2016. Dispone de 24 satélites funcionales y varios en reserva. Durante estos últimos años se han añadido más satélites a la red, ampliando por tanto la cobertura. 

Además de los servicios de geolocalización para usuarios en el día a día, ha mejorado considerablemente la señal en zonas que antes disponían de señal limitada. Y ha conseguido reducir muchísimo el tiempo que se tarda en localizar las señales de emergencia, lo que permite llevar a cabo rescates mucho más rápido. 

En base a estimaciones del año 2013, Galileo costó unos 6.300 millones de euros. No obstante, ha habido gastos posteriores, por lo que las cifras podrían ser superiores. Puede que tener varios sistemas de satélites GPS parezca redundante, pero Galileo permite a Europa funcionar independientemente de regulaciones y normas establecidas por EEUU.



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