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Por la naturaleza de mi trabajo, tengo oportunidad de comparar las medidas que las autoridades implementan en distintos países y la forma en que se comunican las medidas medidas. Cierto, hasta ahora seguimos esperando (tal vez sin gran esperanza) que las autoridades en México ajustan su respuesta a la crisis que se nos viene encima, mientras que en otros países los apoyos y están llegando a ciudadanos y empresas. También observamos cómo los ciudadanos de distintos países reaccionan ante la situación. En todos los lados hay estrés y ansiedad acerca de lo que viene y de qué tan fuerte será el golpe económico al país y al mundo.
Y es aquí donde el divorcio aparente entre el gobierno mexicano y las empresas, entre el gobierno y los empleados de esas empresas, se hace más dramático. Mientras el Presidente responde las preguntas (plantadas) planteadas por un personaje apodado «Lord Molécula», desde la primera fila de sus mañaneras, y aprovechando para encontrar la forma de proyecto lo que son ser traumas o su total desconocimiento de lo que es y significa la empresa privada, vemos a cientos de millas, si no es que millones, de mexicanos empleados por empresas privadas productivas que hoy perciben su presidente y su «ideología» los considera directa o indirectamente como adversarios, o como mexicanos que no figuran en los planos del gobierno. Son esos trabajadores y empleados mexicanos los que reaccionan y operan consistentemente mejor que sus pares de otros países, en circunstancias normales y en crisis como la actual. Son esos mexicanos que en estos días sufren que ellos solo trabajan y que se sienten agradecidos por tener un empleo. Al mismo tiempo, sus pares de otros países y sus víctimas que reciben cheques por correo, créditos baratos, plazo para pagar impuestos o seguro de desempleo.
Siempre pensaremos que no tenemos el gobierno que merecemos, pero es en ocasiones como esta que es muy sencillo ver la desconexión que existe cuando tenemos por un lado una gran mayoría de ciudadanos trabajadores, responsables y dedicados, al nivel de cualquier país del mundo, y por otro, un gobierno lento, simplón, plagado de una capirotada de ideologías amorfas y desconectadas de la realidad que no está al mismo nivel que sus ciudadanos. Una población que solo quiere trabajar con un gobierno que batalla mucho para trabajar por ellos.

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