Los nuevos Power Rangers se apoyan mucho en la nostalgia, pero el reinicio de 2017 fue una joya extraña y subestimada

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Aunque esta nueva generación de Power Rangers no es el grupo optimista y de colores coordinados que conocimos en los años 90, siguen siendo los mismos adolescentes con actitud que Zordon (David J. Fielding) reclutó una vez para salvar el mundo. Cada uno de los personajes comparte un nombre y un arquetipo básico con su equivalente de los 90, pero con nuevas peculiaridades, inseguridades y dolorosas historias de fondo.

La película los une no por decreto de Zordon, sino como un grupo de inadaptados rebeldes en una situación de «Club de desayuno», con los adolescentes cumpliendo condena juntos en detención. Esto establece el tono para el resto de la película, ya que los futuros Rangers buscan una identidad, tanto como individuos como como un equipo con superpoderes.

Al igual que la serie original, «Power Rangers» es una lección de responsabilidad y trabajo en equipo, pero la película también presenta mucha más diversidad que la mayoría de las películas de superhéroes de su época: el Blue Ranger (RJ Cyler) es autista, por ejemplo, mientras que el Yellow Ranger (Becky G.) es LGBTQ+, y los temas de aceptación, individualidad y familia encontrada también prevalecen en la narrativa. El indicador visual de sus atuendos, con sus colores distintivos de Ranger, sirve como acentos reflectantes en lugar de centros de atención. Todos estos cambios bien pensados ​​y decisiones narrativas permiten que la película rinda homenaje al pasado mientras construye algo nuevo y traza un rumbo futuro propio. Este fue un movimiento arriesgado para la franquicia, que, lamentablemente, resultó en un menor retorno de taquilla, pero demostró que los Power Rangers podrían, posiblemente, estar en su mejor momento con un entorno más oscuro.

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